Tnh 1 4 04 01

Traducción (por revisar)

Quizás quieras objetar:
Tú mismo dices que la imaginación es el juez último de todos los sistemas de filosofía. Así que eres injusto al culpar a los antiguos filósofos por hacer uso de su imaginación, y permitirse ser guiados enteramente por sus razonamientos. Para justificarme a mí mismo, debo distinguir dos clases de fuerzas que trabajan en la imaginación: •las que son permanentes, irresistibles, y universales, tales como la transición acostumbrada de causas a efectos y de efectos a causas, y •las que son cambiantes, débiles e irregulares; tales como aquéllas sobre las que he estado comentando. •Las primeras son el fundamento de todos nuestros pensamientos y acciones, de modo que si se perdieran la naturaleza humana perecería e iría a la ruina inmediatamente. •Las últimas no deben trabajar sobre la humanidad, y no son necesarias para conducir la vida o incluso útiles en ella. Por el contrario, las vemos trabajar sólo en las mentes débiles, y porque son opuestas a las fuerzas anteriores de la costumbre y el razonamiento pueden fácilmente ser echadas cuando son confrontadas por la oposición. Por esta razón, las primeras son aceptadas por la filosofía y las últimas rechazadas. Alguien que escucha una voz articulada en la oscuridad y concluye que hay alguien ahí razona sólida y naturalmente, incluso si su inferencia no se deriva de nada más que la costumbre, la cual le da una idea vivaz de una criatura humana por su conjunción usual de eso con la presente impresión ·de la voz·. Pero de alguien que está atormentado–no sabe por qué– con el miedo de espectros en la oscuridad puede decirse que razona, e incluso que razona "naturalmente"; pero entonces debe ser en el mismo sentido en que se dice de una enfermedad que es "natural" porque surge de causas naturales, aunque es contraria a la salud, la cual es la condición más amena y natural para un hombre.

Bennett

You may want to object:
You say yourself that the imagination is the ultimate judge of all systems of philosophy. So you are unjust in blaming the ancient philosophers for making use of their imagination, and letting themselves be entirely guided by it in their reasonings. In order to justify myself, I must distinguish two kinds of forces that are at work in the imagination: •those that are permanent, irresistible, and universal, such as the customary transition from causes to effects and from effects to causes, and •those that are changing, weak, and irregular; such as those on which I have just been commenting. •The former are the foundation of all our thoughts and actions, so that if they were lost human nature would immediately perish and go to ruin. •The latter are not ones that must be at work in mankind, and they are not necessary for the conduct of life or even useful in it. On the contrary, we see them at work only in weak minds, and because they are opposite to the former forces of custom and reasoning they can easily be overthrown when confronted by the opposition. For this reason, the former are accepted by philosophy and the latter rejected. Someone who hears an articulate voice in the dark and concludes that there is someone there reasons soundly and naturally, even though his inference is derived from nothing but custom, which brings him a lively idea of a human creature because of his usual conjunction of that with the present impression ·of the voice·. But someone who is tormented—he knows not why—with the fear of spectres in the dark may perhaps be said to reason, and indeed to reason ‘naturally’; but then it must be in the same sense that a malady is said to be ‘natural’ because it arises from natural causes, even though it is contrary to health, which is the most agreeable and most natural condition for a man to be in.

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