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Traducción (por revisar)

La imaginación naturalmente piensa sobre las siguientes líneas:
•Nuestras percepciones son nuestros únicos objetos. •Percepciones semejantes son las mismas, sin importar cuán interrumpidas en su apariencia. •Esta aparente interrupción es contraria a la identidad.•Así que sólo es una interrupción aparente, y la percepción y objeto realmente continúa existiendo incluso cuando está ausente de nosotros. •Así que nuestras percepciones sensoriales tienen una existencia continua e ininterrumpida. Pero como un poco de reflexión destruye esta conclusión de que nuestras percepciones tienen una existencia continua mostrando que tienen una dependiente–·y he mostrado que ellas no podrían ser continuas a menos que fueran independientes·–naturalmente se esperaría que debiéramos rechazar la opinión de que la naturaleza contiene tal cosa como una existencia continua que se preserva incluso cuando no aparece más a los sentidos. ¡Pero eso no es lo que ha pasado! Los filósofos en general no infieren sino del momento en que relajamos nuestros pensamientos, que la naturaleza se expondrá y nos llevará de regreso a nuestra opinión ·instintiva o natural· anterior. Ciertamente, la naturaleza a veces tiene tanta influencia que puede detenernos en nuestros recorridos, incluso a mitad de nuestras reflexiones más profundas, y nos evita recorrer todas las consecuencias de alguna opinión filosófica. Así, aunque claramente percibimos la dependencia e interrupción de nuestras percepciones, llegamos a una interrupción abrupta y no inferimos que no hay nada independiente o continuo. La opinión de que hay tales cosas ha tomado tan profunda raíz en la imaginación que es imposible erradicarla; ninguna convicción metafísica tenue de la dependencia de nuestras percepciones es suficiente para ese propósito.
Pero aunque nuestros impulsos naturales y obvios prevalecen sobre nuestras reflexiones estudiadas, ciertamente debe haber alguna lucha y oposición sobre esto, por lo menos en tanto que estas reflexiones retienen una fuerza o vivacidad. Para mantenernos calmados a este respecto, ideamos una nueva hipótesis que parece tomar en ambos casos estas influencias–de razón y de imaginación. Esta es la hipótesis filosófica de la doble existencia de percepciones y objetos: complace a nuestra razón concediendo que nuestras percepciones dependientes son ininterrumpidas y diferentes, y también es agradable a la imaginación porque atribuye una existencia continua a algo más que llamamos "objetos". Este sistema filosófico, por lo tanto, es el retoño deformado de dos principios que son •contrarios uno con otro, son •ambos al mismo tiempo abrazados por la mente, y son •incapaces de destruirse mutuamente. La imaginación nos dice que nuestras percepciones semejantes •tienen una existencia continua e ininterrumpida, y no son aniquiladas al estar ausentes de nosotros. La reflexión nos dice que incluso nuestras percepciones semejantes •son interrumpidas en su existencia, y son diferentes unas de otras; que nuestras percepciones sensoriales son dependientes y no continuas. Nada tiene una existencia continua ·a través de vacíos en nuestras percepciones·. Ciertamente, están tan lejos de hacer esta inferencia que aunque todas las sectas filosóficas acuerden con la visión inicial, la última –que es de una manera su consecuencia necesaria–ha sido propiedad sólo de algunos escépticos extravagantes; e incluso ellos la han mantenido sólo en palabras, y nunca fueron capaces de creerla sinceramente.

Bennett

The imagination naturally thinks along the following lines:
•Our perceptions are our only objects. •Resembling perceptions are the same, however broken or uninterrupted in their appearance. •This apparent interruption is contrary to the identity. •So it is only an apparent interruption, and the perception or object really continues to exist even when absent from us. •So our sensory perceptions have a continued and
uninterrupted existence. But as a little reflection destroys this conclusion that our perceptions have a continued existence by showing that they have a dependent one—·and I have shown that they couldn’t be continuous unless they were independent·—it would naturally be expected that we should altogether reject the opinion that Nature contains any such thing as a continued existence that is preserved even when it no longer appears to the senses. But that is not what has happened! Philosophers don’t in general infer from but the moment we relax our thoughts, Nature will display herself and pull us back to our former ·instinctive or natural· opinion. Indeed, Nature sometimes has so much influence that she can stop us in our tracks, even in the middle of our deepest reflections, and keep us from running on into all the consequences of some philosophical opinion. Thus, though we clearly perceive the dependence and interruption of our perceptions, we come to an abrupt halt and don’t infer that there is nothing independent and continuous. The opinion that there are such things has taken such deep root in the imagination that it is impossible ever to eradicate it; no tenuous metaphysical conviction of the dependence of our perceptions is sufficient for that purpose.
But though our natural and obvious drives here prevail over our studied reflections, there must surely be some struggle and opposition over this, at least so long as these reflections retain any force or liveliness. In order to set ourselves at ease in this respect, we contrive a new hypothesis that seems to take in both these influences—of reason and of imagination. This is the philosophical hypothesis of the double existence of perceptions and objects: it pleases our reason by allowing that our dependent perceptions are interrupted and different, and it is also agreeable to the imagination because it attributes a continued existence to something else that we call ‘objects’. This philosophical system, therefore, is the misshaped offspring of two principles that are •contrary to each other, are •both at once embraced by the mind, and are •unable mutually to destroy each other. The imagination tells us that our resembling perceptions
•have a continued and uninterrupted existence, and
are not annihilated by being absent from us. Reflection tells us that even our resembling perceptions
•are interrupted in their existence, and are different from each other.
that
Our sensory perceptions are dependent and not continuous
Nothing has a continued existence ·through gaps in
our perceptions·. Indeed, they are so far from making that inference that although all philosophical sects agree with the former view, the latter—which is in a way its necessary consequence—has been the property only of a few extravagant sceptics; and even they have maintained it in words only, and were never able to bring themselves sincerely to believe it.

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