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Traducción (por revisar)

Esta conclusión los lleva a otra que consideran enteramente inevitable. ·Argumentan así·:
La materia es en sí misma enteramente inactiva y desprovista de cualquier poder para producir o continuar o comunicar el movimiento; pero estos efectos son evidentes a nuestros sentidos, y el poder que los produce debe estar en algún lugar. Así que debe residir en Dios, el ser divino que contiene en su naturaleza toda la excelencia y la perfección. Así que Dios es el primer motor del universo: no sólo creo primer la materia y le dio su empuje inicial, sino que a través de un continuo ejercicio de su omnipotencia lo mantiene en la existencia y le da todos sus movimientos y configuraciones y cualidades.
Esta opinión es ciertamente muy interesante, y digna de nuestra atención; pero si piensas por un momento acerca de por qué ha surgido en nuestra presente investigación, verás que no necesitamos examinarla en detalle aquí. Hemos fijado como un principio que, porque las ideas se derivan de algunas percepciones previas, no tenemos ninguna idea de •poder y eficacia a menos que puedan ser producidas instancias en las cuales •el poder se perciba como ejerciéndose a sí mismo. Estas instancias no pueden ser nunca descubiertas en un cuerpo, así que los cartesianos han confiado en su principio de las ideas innatas y han recurrido a Dios, de quien creen que es el único ser activo en el universo, y la causa inmediata de toda alteración en la materia. Pero dada la falsedad del principio de las ideas innatas, la suposición de un Dios no puede ser de ningún uso para nosotros en la explicación de la idea de agencia, la cual no podemos encontrar entre los objetos que se presentan a nuestros sentidos o de los que somos conscientes internamente en nuestras mentes. Pues si toda idea se deriva de una impresión, la idea de Dios debe venir del mismo origen; y si ninguna impresión, ya sea de sensación o reflexión, implica ninguna fuerza o eficacia, es igualmente imposible descubrir o incluso imaginar una fuerza activa tal como Dios. Así que cuando estos filósofos ·cartesianos· argumentan que

Ninguna fuerza eficaz puede desubrirse en la materia, así que
no debería atribuirse tal fuerza a la materia, deberían por paridad razonar para argumentar
No se puede descubrir ninguna fuerza eficaz en Dios, así que
no debería atribuirse tal fuerza a Dios.

Si consideran esa conclusión como absurda e impía, como de hecho es, les diré cómo pueden evitarla–a saber, admitiendo desde el principio que no tienen una idea adecuada de poder o eficacia en ningún objeto, dado que o pueden descubrir un solo ejemplar de ella en sus cuerpos o mentes, en naturalezas divinas o mundanas.

Bennett

This conclusion leads them to another which they regard as entirely inescapable. ·They argue like this·:
Matter is in itself entirely inactive and deprived of any power to produce or continue or communicate motion; but these effects are evident to our senses, and the power that produces them must be somewhere. So it must lie in God, the divine being who contains in his nature all excellency and perfection. So God is the first mover of the universe: he not only first created matter and gave it its initial push, but also through a continuing exertion of his omnipotence he keeps it in existence and gives it all its motions and configurations and qualities.
This opinion is certainly very interesting, and well worth our attention; but if you think for a moment about why it has come up for us in our present inquiry, you will see that we needn’t examine it in detail here. We have settled it as a principle that, because all ideas are derived from some previous perceptions, we can’t have any idea of •power and efficacy unless instances can be produced in which this •power is perceived to exert itself. These instances can never be discovered in body, so the Cartesians have relied on their principle of innate ideas and had recourse to a God whom they think to be the only active being in the universe, and the immediate cause of every alteration in matter. But given the falsity of the principle of innate ideas, the supposition of a God can’t be of any use to us in accounting for the idea of agency which we can’t find among the objects that are presented to our senses or those that we are internally conscious of in our own minds. For if every idea is derived from an impression, the idea of a God must come from the same origin; and if no impression, either of sensation or reflection, implies any force or efficacy, it is equally impossible to discover or even imagine any such active force in God. So when these ·Cartesian· philosophers argue that

No efficacious force can be discovered in matter, so
no such force should be attributed to matter, they ought by parity of reasoning to argue
No efficacious force can be discovered in God, so no
such force should be attributed to God.

If they regard that conclusion as absurd and impious, as indeed it is, I shall tell them how they can avoid it—namely, admitting at the outset that they have no adequate idea of power or efficacy in any object, since they can’t discover a single instance of it in bodies or in minds, in divine natures or in creaturely ones.

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