Tnh 1 3 14 01

Traducción (por revisar)

Habiendo explicado así cómo razonamos más allá de nuestras impresiones inmediatas, y concluido que tales y cuales causas deben tener tales y cuales efectos, debemos ahora volver sobre nuestros pasos y escoger de nuevo la pregunta que se nos ocurrió primero, y que dejamos sobre el camino (cerca del final de la sección 2). La pregunta es: ¿Cuál es nuestra idea de necesidad, cuando decimos que dos objetos están conectados necesariamente? Como he dicho ya a menudo, si decimos tener tal idea debemos encontrar alguna impresión que le de origen, porque no tenemos ideas que no se deriven de una impresión. Así que me pregunto a mi mismo: ¿En qué objetos se supone que radica comúnmente la necesidad? Y hallando que se adscribe siempre a causas y efectos, vuelvo mi atención a dos objetos que se supone están relacionados como causa y efecto, y los examino en todas las situaciones en que ocurren. Y veo al instante que son contiguos en tiempo y lugar, y que al que llamamos "causa" precede al que llamamos "efecto". En ningún caso puedo ir más allá: no puedo encontrar una tercera relación entre estos objetos. Así que tomo una visión más amplia, y considero un número de casos en los que encuentro a objetos de una clase existiendo siempre en relaciones de contigüidad y sucesión con objetos de otra clase. A primera vista esto parece inútil: la reflexión sobre muchos casos sólo repite los mismos objetos, de manera que no puede hacer surgir a ninguna idea nueva. Pero en investigación ulterior encuentro que la repetición no es la misma en todo aspecto. Produce una nueva impresión ·que yo no adquiero de una instancia singular·, y a través de esa impresión me da la idea ·de necesidad· que estoy examinando actualmente. Pues después de una repetición frecuente encuentro que sobre la apariencia de uno de los objetos, la costumbre hace a la mente pensar en su acompañante usual, y piensa en él más vívidamente a cuenta de su relación con el primer objeto. Así que es esta impresión, este ser-hecho-para-pensar-el-efecto, que me da la idea de necesidad.

Bennett

Having thus explained how we reason beyond our immediate impressions, and conclude that such and such causes must have such and such effects, we must now retrace our steps and pick up again the question that first occurred to us, and that we dropped along the way (near the end of section 2). The question is: What is our idea of necessity, when we say that two objects are necessarily connected? As I have often said already, if we claim to have such an idea we must find some impression that gives rise to it, because we have no idea that isn’t derived from an impression. So I ask myself: In what objects is necessity commonly supposed to lie? And finding that it is always ascribed to causes and effects, I turn my attention to two objects that are supposed to be related as cause and effect, and examine them in all the situations in which they can occur. I see at once that they are contiguous in time and place, and that the one we call ‘cause’ precedes the one we call ‘effect’. In no instance can I go any further: I can’t find any third relation between these objects. So I take a broader view, and consider a number of instances in which I find objects of one kind always existing in relations of contiguity and succession with objects of another kind. At first sight this seems to be pointless: the reflection on several instances only repeats the same objects, so it can’t give rise to any new idea. But on further enquiry I find that the repetition is not the same in every respect. It produces a new impression ·that I don’t get from any single instance·, and through that impression it gives me the idea ·of necessity· which I am at present examining. For after a frequent repetition I find that on the appearance of one of the objects, custom makes the mind think of its usual attendant, and think of it more vividly on account of its relation to the first object. So it is this impression, this being-made-to-think-of-the-effect, that gives me the idea of necessity.

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