Exposición Sección XII
Jonathan Martínez - Jerónimo Mohar - Erick Navarro
Conceptos centrales:
Escéptico/ duda/ método/ escepticismo moderado/ juicios/ prejuicios/ sensación/ razón/ instinto/ objetos externos/ naturaleza/ percepción/ experiencia/ conexión necesaria/ espacio/ tiempo/ imaginación/ idea clara y distinta/ escepticismo excesivo/ cuestión de hecho/ relación causa y efecto/
Problema General:
¿Qué es un escéptico? ¿Hasta dónde es posible apurar estos conceptos filosóficos de duda e incertidumbre?
Tesis Principal:
Tras el análisis de diversas opiniones escépticas extremas, concluiremos que mantener tales opiniones resulta insostenible en la vida diaria. Resultara claro que únicamente es aceptable un escepticismo moderado que evite que los hombres mantengan opiniones más allá de la experiencia (metafísica).
PARTE I
Existe un tipo de escepticismo anterior a todo estudio y filosofía, tal escepticismo nos puede guardar del error y de los juicios precipitados. Pensemos en la duda metódica cartesiana; una duda como la de Descartes cuestiona a los principios anteriores, a las opiniones y a nuestras propias facultades.
La actitud escéptica es parte de un método que intenta hacer surgir una investigación objetiva de un principio original. Hume observa claramente que en realidad no existe un principio original que tenga prerrogativa sobre todos los demás, y por lo tanto el principio necesario no falaz cartesiano no existe. La duda cartesiana si pudiera ser observada por criatura alguna sería absolutamente incurable y ningún razonamiento nos podría llevar jamás a una certeza. El escepticismo cuando se da de una forma moderada resulta ser un preparativo necesario para el estudio de la filosofía; el escepticismo nos hace conservar la imparcialidad en los juicios, rescata a la mente de los prejuicios.
Existe otra clase de escepticismo que es consecuencia de la ciencia y la investigación, se produce cuando se supone que los hombres han descubierto la naturaleza absolutamente engañosa de sus facultades mentales o la incapacidad de estas para llegar a una determinación fija, luego entonces resulta posible dudar también de los principios de la vida común, y de los principios metafísicos y teológicos. Los escépticos utilizan tópicos contra la evidencia de la sensación, tópicos que se derivan de la imperfección y de la naturaleza engañosa de nuestros órganos, tales argumentos escépticos demuestran que no se debe depender implícitamente de los meros sentidos, sino que más bien hemos de corregir su evidencia con la razón.
Los hombres son llevados por su instinto y predisposición natural a confiar en sus sentidos. De aquí parte la suposición de un universo externo que no depende de nuestra percepción. Cuando los hombres siguen a ese poderoso y ciego instinto de la naturaleza, suponen que las mismas imágenes presentadas por los sentidos son los objetos externos. Parece ser que ni nuestra presencia ni nuestra ausencia afectan la existencia de la realidad externa, parece que la realidad externa conserva su existencia uniforme e independiente a la percepción.
La filosofía más débil es aquella que destruye esa opinión universal y primigenia de todos los hombres y enseña que nada puede estar presente a la mente sino únicamente una imagen o percepción. Tal filosofía enseña que por medio de los sentidos se transmiten tales imágenes sin que sean capaces de producir un contacto inmediato entre la mente y el objeto. ¿Quién no ha dudado de que cuando decimos casa o aquel árbol en realidad sólo son percepciones en la mente que son copias fugaces de otras existencias uniformes e independientes? ¿Qué argumento puede demostrar que las percepciones de la mente son causadas por objetos externos? Muchas de nuestras percepciones no surgen de nada externo (sueños, locura).
Si intentáramos argumentar con base en la experiencia, la experiencia se torna totalmente silenciosa. La mente nunca tiene nada presente sino las percepciones, y por lo tanto no puede alcanzar experiencia alguna de su conexión con los objetos luego entonces carece de fundamento racional suponer tal conexión. Tampoco es posible recurrir a la veracidad del Ser Supremo ya que si la veracidad de nuestros sentidos estuviese vinculada con el Ser Supremo, los sentidos serían infalibles ya que Él no puede jamás engañar. Si se pone en duda el mundo externo no es posible encontrar argumentos con los que podamos demostrar la existencia de aquel Ser Supremo.
Existe otro tópico escéptico que se deriva de la filosofía más profunda, tal tópico dicta que todas las cualidades sensibles de los objetos son secundarias (dureza o blandura, color, temperatura) y que tales cualidades no existen en los objetos mismos sino que son percepciones sin arquetipo a modelo externo alguno que representar. Si se acepta tal suposición también debería aceptarse lo mismo con respecto a las supuestas cualidades primarias como lo es la extensión ya que tal idea es adquirida en su totalidad mediante los sentidos, y si todas las cualidades percibidas por los sentidos están en la mente y no en el objeto debe aceptarse lo mismo para las cualidades primarias y secundarias.
*Objeción filosófica a la evidencia de los sentidos o a la opinión a favor de la existencia externa:
I - tal opinión es contraria a la razón si descansa en el instinto natural, y si se imputa a la razón es contraria al instinto natural y a su vez, no comporta evidencia racional para convencer al investigador imparcial.
II - Es algo contrario a la razón que todas las cualidades sensibles estén en la mente y no en el objeto. Si se despoja a la materia de todas sus cualidades inteligibles, en cierta manera se le aniquila, se deja como causa de nuestras percepciones un algo inexplicable, desconocido.
PARTE II
El escéptico intenta destruir a la razón con argumentos, el escéptico intenta encontrar objeciones tanto para los razonamientos abstractos como para los razonamientos de hecho y existencia. La principal objeción hecha contra todo razonamiento abstracto se deriva de las ideas de espacio y tiempo. La absurdidad parece hacerse aun más palpable en el caso del tiempo que en el de la extensión. En tales razonamientos abstractos entra una cierta concepción de infinito, entre las conocidas paradojas se encuentra: la infinita divisibilidad de la extensión; la disminución infinita del ángulo de contacto entre una curva y su tangente; y la sucesión de una infinita cantidad de lapsos de tiempo.
Respecto a la doctrina clerical de la infinita divisibilidad de la extensión:
*Respecto al espacio. Los puntos matemáticos son puntos físicos; esto es, partes de extensión que no pueden ser disminuidos o divididos ni por el ojo, ni por la imaginación. Tales imágenes que están presentes a la imaginación o a los sentidos son absolutamente indivisibles.
*Respecto al tiempo. Un número infinito de partes reales de tiempo que pasan sucesivamente y se agotan una tras otra, es una contradicción evidente.
Resulta totalmente incomprensible cómo una idea clara y distinta puede contener caracteres que la contradicen a ella misma. Nada puede ser más dudoso que el escepticismo que surge de algunas conclusiones paradójicas de la geometría o de la ciencia de la cantidad. Estos absurdos se evitarían si se admitiese que no hay tal cosa como ideas generales y abstractas, sino que todas las ideas generales son particulares vinculadas a un término general, que recuerda en ciertos momentos otras ideas particulares que se asemejan en ciertos detalles a la idea presente en la mente.
Todas las ideas de cantidad sobre las que razonan las matemáticas no son sino particulares y, como tales, son sugeridos por los sentidos y la imaginación en consecuencia no pueden ser infinitamente divisibles.
Las objeciones escépticas a la evidencia moral o a los razonamientos acerca de cuestiones de hecho, son o populares o filosóficas. Las objeciones naturales se derivan de las debilidad natural del entendimiento humano (se trata de la perpetua contradicción de las opiniones y sentimientos de cada hombre). Tales objeciones son débiles. Si son populares se deben a distintas opiniones que se llegan a tener bajo ciertas circunstancias (nación, edad, salud,…); pero como se utilizan continuamente tales razonamientos en la vida diaria, estas objeciones no consiguen acabar con ellos. Ello se debe a que el contra-argumento del escepticismo proviene de la necesidad natural de “la acción, la ocupación y los quehaceres de la vida común”. Ya que en ella no es posible sobrevivir sin la utilización de razonamientos sobre cuestiones de hecho. En la vida común razonamos acerca de hechos y de lo que existe, no es posible subsistir sin emplear esta clase de argumento, cualquier objeción popular resulta insuficiente para destruir la evidencia moral o a los razonamientos de hecho.
El gran subversor de los principios excesivos del escepticismo es la acción, la ocupación y los quehaceres de la vida común. El escéptico ha de mantenerse en su esfera propia y exponer las objeciones filosóficas que surgen de sus investigaciones mas profundas. El escéptico debe insistir fundamentalmente en que toda nuestra evidencia a favor de cualquier cuestión de hecho se deriva completamente de la relación causa y efecto; y que nada mas conduce a esta inferencia sino únicamente la costumbre o cierto instinto de nuestra naturaleza.
Del escepticismo excesivo no puede resultar ningún bien duradero mientras permanezca en toda su fuerza y vigor, pues si prevaleciera entre todos los hombres, la vida humana acabaría. Pero “la naturaleza es siempre demasiado fuerte para la teoría”. Así que nuestras necesidades naturales son las que disuaden a los hombres de mantener un escepticismo radical.
PARTE III
Un escepticismo moderado por el instinto natural trae consigo 2 grandes ventajas:
Los hombres sueles ser dogmáticos, por lo que evitan sopesar sus opiniones y las de otros. La duda escéptica lo haría conciente de la debilidad del entendimiento humano. Tal conciencia le inspiraría modestia, con lo que reduciría sus prejuicios.
Además:
1. La imaginación siempre trata de desentrañar principios que se encuentran más allá de nuestra experiencia. (Metafísica)
2. Las objeciones escépticas son irrefutables. “No admiten contestación,…”
3. Sólo el instinto natural permite hacerlas a un lado. “… ni producen convicción”
4. Las construcciones de la imaginación no pueden superar las construcciones escépticas. (2) y (3)
5. El instinto natural salvaguarda la existencia común de los hombres.
Por tanto, la filosofía, si quiere estar al margen del escepticismo extremo ha de tratar sólo sobre la vida común; y no intentar ir más allá de estos límites.
“Mientras no podamos dar una explicación satisfactoria de por qué creemos […] que una piedra caerá o que el fuego quemará ¿podremos darnos por satisfechos en lo que respecta a cualquier determinación que nos formemos con respecto al origen de los mundos y la situación de la naturaleza, desde la eternidad para la eternidad?”
Así que las investigaciones de los hombres debe reducirse a:
1. Las demostraciones matemáticas en las ciencias abstractas.
Por que los componentes de cantidades son semejantes, y se relacionan de forma compleja, por lo que a través de distintos medios es útil encontrar sus relaciones de igualdad y desigualdad que presentan bajo sus diversas formas. En cambio las demás ideas son distintas entre sí y jamás se podrá ir más allá de la observación de tal diversidad.
2. Investigaciones sobre cuestiones de hecho y existencia.
Las cuales no pueden ser demostradas, pues las ideas tanto de existencia como de no-existencia son ambas claras y distintas, por lo que no implican contradicción. Y ellas sólo pueden ser dirimidas en la experiencia.
“Si procediéramos a revisar las bibliotecas convencidos de estos principios, ¡qué estragos no haríamos! Si cogemos cualquier volumen de teología o metafísica escolástica, por ejemplo preguntemos: ¿Contiene algún razonamiento abstracto sobre la cantidad y el número? No. ¿Contiene algún razonamiento experimental acerca de cuestiones de hecho o existencia? No. Tírese entonces a las llamas, pues no puede contener más que sofistería e ilusión.”