Exposición, Sección 6. De la probabilidad.
Luis Gerardo Solís Moreno y Gustavo Castillo Olea
Los razonamientos son de dos tipos:
a) Razonamientos demostrativos: Se refieren a las relaciones de ideas. En este tipo de razonamientos caben premisas que pueden probar la no contradicción o contradicción de un argumento. Son enunciados apodícticos que se pueden probar a partir de demostrar que su conclusión debe ser necesaria y no puede ser de manera distinta o contraria. En los razonamientos matemáticos, por ejemplo, para probar que un enunciado como este: 3+2=5 es contradictorio, o falso, habría que demostrar primero que 1=1 también lo es.
b) Razonamientos morales o probables (plausibles): Son razonamientos que se refieren a las cuestiones de hecho. Dentro de los razonamientos plausibles no hay un apoyo lógico como lo tienen los demostrativos. No hay un elemento en nuestro entendimiento que nos justifique racionalmente a inferir efectos iguales en el futuro de causas semejantes que hemos experimentado en el pasado. Mientras que en los razonamientos demostrativos se puede hablar de no contradicción y de imposibilidad, en este tipo de razonamientos no lo podemos hacer, pues todas las posibilidades y alternativas que comprende un hecho tienen la misma probabilidad y son igualmente inteligibles para nuestro entendimiento. “No implica contradicción alguna que el curso de la naturaleza llegara a cambiar, y que un objeto, aparentemente semejante a otros que hemos experimentado, pueda ser acompañado por efectos contrarios o distintos.” (Investigación sobre el conocimiento humano, ed. Tecnos, p. 151). Sin embargo, si este tipo de razonamientos no se justifican por proceso de comprensión alguno, ¿qué es lo que los sustenta?, ¿qué es aquello por lo cual vamos a formar nuestras creencias y que, como se ha visto, no es en modo alguno racional?
Probabilidad y creencia
A partir del azar, es decir, a partir de que todas las alternativas que comprende un acto son totalmente iguales, probables, y concebibles, formamos nuestras creencias. Una creencia se forma a partir de que la mente opta por una alternativa que aventaja a sus contrarias por un número mayor de repeticiones, gracias a la experiencia que ha tenido en relación a las eventualidades posibles del mismo.
Cuando una de las alternativas de un hecho va aventajando a sus contrarias y las supera por un número más alto de repeticiones (probabilidad), nuestra mente, mecánicamente, se inclina a ella para formarse una idea de que seguirá ocurriendo tal situación si la vuelve a encontrar en las mismas circunstancias en el futuro, y engendramos una creencia involuntaria.
El hecho de que experimentemos que la probabilidad de un evento es repetido en mayores ocasiones, que podemos concebir que puede suceder de otra manera un hecho pero que, sin embargo, no lo hemos experimentado, hace que la creencia tome mayor fuerza y mayor vigor que las meras producciones de la imaginación. “La concurrencia de varias alternativas en un solo suceso, imprime más intensamente en la imaginación la idea de este suceso, dándole mayor fuerza y vigor, influyendo de forma más eficaz sobre las pasiones y afecciones de la mente y, en una palabra, engendra la confianza y seguridad que constituye la naturaleza de la creencia y de la opinión” ( Investigación sobre el conocimiento humano, ed. Tecnos, p. 175.)