Manuel Eduardo Luna Lara
Alejandro Maldonado Servín
Angélica Maribel Leal Pulido
Rosa Victoria Medrano Oropeza
Israel Almaraz Rosas
Víctor Eugenio Avilés Roldán
Introducción
Ya vimos que las ideas son copias de las impresiones, que las ideas complejas son un conjunto de ideas simples unidas por la imaginación, por tanto una idea abstracta puede ser confusa porque no tiene un referente, es decir, una impresión determinada, esto es importante ya que será tomado después en la sección 7 y expuesto con mayor detenimiento
Las impresiones pueden ser de sensación o de reflexión, dentro de las primeras se encuentran las impresiones simples como son: el color, olor y sabor entre otras; y dentro de las impresiones complejas se encuentran las emociones.
En la sección 3 nos hablará sobre el principio de asociación de ideas el cual nos permite distinguir el paso de una idea a otra por medio de la semejanza, la contigüidad y la causalidad, esta ultima de mayor importancia pues será llevada a lo largo de las secciones siguientes.
En la sección 4 nos dice que las cuestiones de hecho están fundadas en la relación causa y efecto y esta a su vez tiene su fundamento en la experiencia, sin embargo, no podemos, partiendo de la experiencia en las operaciones de causa y efecto, informarnos o tener la mas remota idea de la fuerza o poder que suponemos se encuentra siempre entre causa y efecto.
En la sección 5 nos habla de la creencia la cual surge del hábito de la conjunción de un objeto con algo presente a la memoria y a los sentidos, la causalidad es lo que sustenta a la creencia.
En la sección 6 nos habla de la probabilidad esta engendra el sentimiento llamado creencia y da preferencia a un objeto que es apoyado por un numero mayor de experiencias que cualquier otro.
En la sección 7 llegara a analizar la importancia de la causalidad y de la conexión necesaria que ha venido mencionando en cada una de las secciones anteriores, en esta parte nos dirá que no somos capaces de observar o representarnos el vinculo que une movimiento y volición, o la energía en virtud de la cual la mente produce este efecto.
Dirá también que no se presenta en toda la naturaleza un solo caso de conexión que podamos representarnos.
Sin embargo concluirá que la idea de conexión necesaria surge del acaecimiento de varios casos similares de constante conjunción de dichos sucesos, tras la repetición de casos similares, la mente es conducida por hábito a tener la expectativa, al aparecer un suceso, de su acompañante usual y a creer que existirá. La conexión que sentimos en la mente, esa transición de la representación de un objeto a su acompañante usual, es el sentimiento o impresión a partir del cual formamos la idea de poder o de conexión necesaria.
La filosofía humiana y la falibilidad de la razón.
Se ha dicho que la filosofía humiana es un ataque al racionalismo; recordemos que en el renacimiento el hombre estaba situado al centro para poder darle un nombre a todo lo que lo rodeaba; que podía erigirse en ángel y conocer todo. La filosofía en general salvo algunos momentos defiende la razón como la característica distintiva del ser humano con la que se relaciona y domina los objetos de su entorno. Es el vínculo sujeto-objeto. Obtenemos mediante ella un conocimiento cabal con el que poco a poco vamos ordenando un edificio llamado: ciencia.
Entonces llega Hume y nos muestra que los métodos que empleamos para conocer no son tan excelsos como pretendíamos; así, su filosofía es, como la kantiana una especie de recordatorio de las incapacidades humanas. Si no puedo percibir el infinito no puedo tener una idea respecto de él, y, si humano como soy, no puedo, entonces todo lo que diga respecto de él, cierto, no es forzosamente falso, puede ser verdadero pero puede que no.
Como humanos que somos, nos recuerda Hume que no tenemos acceso impresivo a la conexión necesaria, y por ello, trayendo Hume a una época un tanto más actual, al no poder percibir la “unión objetiva” que hay entre la flama, el calor en el metal por conducción, asimismo en la olla, la dispersión de sus moléculas, en el vapor y la disminución del líquido; no podemos más que suponerlo, según lo dijeron, movido por la costumbre, y construir la “conexión necesaria”, pero he aquí algo muy importante: EN MI MENTE.
Nos encontramos entonces, primero que si todo esto lo hago movido por la costumbre y la “conexión” de la que hablo es sólo mental, puede ser el caso de que cuando yo toso, si siempre, acto seguido dos personas más tosan, entonces, después un reforzamiento por las repetidas ocasiones puedo llegar a creer que existe una conexión necesaria entre todos estos sucesos. Formular una hipótesis que al constatarse siempre va a devenir una “ley científica”, ya con la aprobación de un paradigma. Puedo creer que tal conexión es objetiva, es decir, que no es “mera interpretación” mía, sin embargo no porque crea que la relación es objetiva, de verdad lo es; y de cualquier manera, es, y eso sí es forzoso según lo que nos ha dicho Hume, subjetiva: recordemos que es una construcción en mi mente.
Tras haber observado varios casos de la misma naturaleza, entonces es cuando dice que están conectados. ¿Qué ha cambiado para que surja esta nueva idea de conexión? Nada, salvo que él ahora siente que estos eventos están conectados en su imaginación, y que puede predecir al punto la existencia de uno de la aparición del otro.
Y ahora, dicha relación pudo haber sido mera casualidad; no importa, mi creencia sobre su conexión necesaria (mental) convirtió la casualidad en causalidad. ¿Y sobre los sucesos relativos a lo que hablamos de la evaporación del agua contenida en una olla y calentada por una flama? Nosotros, claro, diríamos que hay una conexión necesaria, y que es una simple ley física que, puesto que es ciencia, no puede ser negado. Pues no, si somos consecuentes con lo dicho por Hume, (claro, si creemos en su filosofía) nos veremos obligados a reconocer que no son sino sucesos que siempre hemos visto juntos, (tal vez su unión ha sido casualidad) y que por ello, en nuestra mente los asociamos con la idea de causalidad, juzgando que están conectados necesariamente.
Todas las leyes científicas no serían más que eso: ideas sentidas en la mente y no forzosamente objetivas. En esto Hume se parece una tanto a Kant. Hume no habla de cómo son las cosas en sí, del noumeno, sino de las impresiones e ideas que nos formamos de ellas
"Mi intención no fue jamás penetrar en la naturaleza de los cuerpos o explicar las causas secretas de sus actividades […] temo mucho que sea una empresa que vaya más allá del alcance del entendimiento humano y que nosotros no podemos jamás pretender otra cosa más que las propiedades externas de estas que se presentan a los sentidos”
Hume, David, Tratado de la naturaleza Humana, Editorial Gernika, México D.F. 2001, pag 89
De hecho, así como Hume dice que las ideas surgen como copia de las impresiones, así también dice que las impresiones surgen por causas desconocidas…
En cuanto a las impresiones que surgen de los sentidos, su causa última es, en mi opinión, perfectamente inexplicable por la razón humana y será siempre imposible decidir con certidumbre si surgen inmediatamente del objeto o son producidas por el poder creador del espíritu o se derivan del autor de nuestro ser.
Hume, David, Tratado de la naturaleza Humana, Editorial Gernika, México D.F. 2001, pag 115
No es, por supuesto que Hume sea un idealista; y no quiere decirlo porque Hume, como postura cree, que hay una semejanza entre lo que es y lo que percibimos, pero ello parece ser más una actitud que un argumento.
Lo más lejos que podemos ir hacia la concepción de los objetos externos, cuando se los supone específicamente diferentes de nuestras percepciones, es formarnos una idea relativa de ellos sin pretender comprender los objetos con que se relacionan
Hume, David, Tratado de la naturaleza Humana, Editorial Gernika, México D.F. 2001, pag 94
Regresando al tema anterior, la consecuencia de la filosofía humiana en la ciencia; y recordando un poco la exposición anterior sobre la probabilidad, digamos que en general, la ciencia cuya característica fundamental es la descripción del futuro: “cuando yo suelte el gis, éste se va a caer” es una afirmación que puedo hacer en virtud del conocimiento sobre la ley científica de la atracción gravitacional; pero esto no es más que, en virtud de las veces que ha ocurrido (supongo el 100%) generalizo la afirmación, dicho de otra forma, a partir de regularidades observadas emito un juicio de carácter universal, en el cual, claro, están incluidos los sucesos venideros. Así, la ley científica tendría un carácter inductivo y por lo tanto, quizá el sol no salga mañana
“el supuesto de que el futuro se asemeja al pasado no se funda en argumentos, de cualquier clases que estos sean, sino que se deriva enteramente del hábito por el que nos hallamos determinados a esperar para el futuro la misma serie de objetos a la que hemos sido acostumbrados
Hume, David, Tratado de la naturaleza Humana, Editorial Gernika, México D.F. 2001, pag 180
Y sin embargo…
Retomando el inicio de nuestro tema, es decir, la distinción entre ciencias matemáticas y ciencias morales, es que las unas son deductivas, y por tanto forzosamente ciertas y las otras, las morales, sólo probables, y aquí, defiende el sentido común.
Haría el ridículo quien dijese que es sólo probable que el Sol salga mañana o que todos los hombres mueran, aunque es claro que no tenemos más seguridad de estos hechos que la que la experiencia nos proporciona.
Hume, David, Tratado de la naturaleza Humana, Editorial Gernika, México D.F. 2001, pag 168
De lo dicho anteriormente, podemos inferir: si la idea en general de conexión necesaria, es una idea que se siente en la mente y no que se percibe en los objetos, y pues que causalidad es la única asociación entre ideas que nos permite ir más allá de nuestras ideas y suponer la existencia de los objetos, y así, es la base de las leyes científicas, tales como la biología, la geografía, la física, la química etc., entonces la ciencia misma, que es el modelo paradigmático del conocimiento (con la excepción de las matemáticas y la lógica) son relaciones mentales y no objetivas, así, Hume no propone una guía o un método al estilo cartesiano en el que vamos a conseguir el conocimiento relativo a los objetos, sino algo mucho menos ambicioso, y claro, también más realista: está explicando, de un modo un tanto psicologista, la forma en que nos formamos nuestras creencias, independientemente de la relación que éstas puedan tener o no, con la realidad; no es entonces la de Hume una “teoría del conocimiento” sino una “teoría de la formación o adquisición de creencias”; y aquí vemos cuán errada es la traducción del título: “An enquiry concerning human understanding”; “Investigación sobre el conocimiento humano”.
Y es que entendimiento no remite a la realidad objetiva sino a la actividad subjetiva relacionada con su exterior.
La filosofía humiana es entonces una filosofía de las capacidades cognitivas del ser humana, y no del conocimiento mismo, o más precisamente de las incapacidades cognitivas del ser humano.
Finalmente, recordando lo que dijeron mis compañeros, hay una ventaja en las ciencias matemáticas con respecto a las morales; mientras que unos razonamientos son de orden deductivo, los otros son inductivos. Y aunque aquí parece tener clara que la desventaja de los primeros era únicamente su mayor longitud, o bien, su prolijidad; no obstante en el tratado plantea serias dudas; dicho sucintamente: los instrumentos de medida pueden ser muy buenos, pero la interpretación o la lectura que hacemos de los mismos es falible.
Y, no contento con destacar la humanidad (falibilidad) de la razón humana, destaca también, la humanidad de las pasiones (principio motor de nuestras creencias)