Es pertinente formular un par de preguntas. (1) ¿Aprender y conocer son operaciones de la misma naturaleza? (2) ¿Reaccionar y hacer (accionar o actuar) son operaciones de la misma naturaleza? O sea: (1) ¿aprender a contar ya es conocer el objeto o el asunto de la Aritmética? O sea: (2) ¿imaginar que es probable que llueva porque veo el cielo encapotado es una operación idéntica al idear o elaborar una teoría que pretenda explicar el fenómeno de la lluvia?
Saludos Ricardo:
(1) Parece que no. 'Aprender' parece un término eminentemente práctico: uno aprende a caminar de cabeza al comenzar a adquirir las habilidades para ello, pero uno sabe andar de cabeza cuando tiene esas habilidades disponibles dentro del stock mental. Parece que para aprender una habilidad es necesario conocer (no necesariamente de una manera profunda, sino tener un acquiantance o conocimiento de re) los objetos involucrados en la práctica/habilidad (más o menos onda techné griega) involucrada. Pero que uno conozca los objetos, proposiciones y conceptos necesarios no es siempre suficiente para que uno cuente con las habilidades pertinentes. Sin embargo, algunos racionalistas moderados contemporáneos (por ejemplo, Peacocke) opinan que el conocimiento a priori consiste, fundamentalmente, en el hecho de que, para algunos conceptos, entenderlos (hacer un grasp de ellos, de hecho) es suficiente para hacer un grasp de otras cosas: condiciones de individuación, uso, prácticas, etc. (Así se explican algunos conocimientos a priori, por ejemplo, nuestro conocimiento matemático o nuestra habilidad para predecir la incompatibilidad de colores). A mí me interesa esa corriente teórica, pero seguramente que un empirista radical tendrá un punto de vista diferente.
(2) No me parece que esté claro el qué sentido de 'reaccionar' y 'hacer' quieres utilizar. Pero si, como haces en el ejemplo, utilizas 'reaccionar' como algo que tiene que ver con la respuesta ante estímulos, principalmente; y 'hacer'/'actuar' en el sentido de producción agencial, me parece bastante claro que no son conceptos (mucho menos eventos) iguales o de una naturaleza relevantemente similar.
En un nivel vulgar (simple o común) no parece haber distinción entre aprender y conocer. El aprender a amarrarse las agujetas es un conocer cómo se amarran las agujetas, así como el conocer que dos más dos es igual a cuatro es un aprender a sumar. Igualmente una reacción de temor frente a las alturas es un acto de manifestación de temor, así como el acto de patear a un perro es la reacción de que el perro haya mordido. Es decir, son de la misma naturaleza en tanto que consisten, en el primer caso, en una co-pertenencia epistémica, y en el segundo, en una co-pertenencia práctica.
En un nivel estrictamente científico, es decir, filosófico, la naturaleza de una y otra (aprender-conocer, reaccionar-actuar) parecen de naturaleza completamente distinta en tanto que el aprender y el reaccionar parecen acciones referidas al comportamiento inmediato (irreflexivo) del hombre, mientras que el conocer y actuar son resultado de la meditación o reflexión.
Precisaré la orientación de las preguntas que formulé hace unos días con el fin de clarificar el sentido de este ejercicio filosófico en particular. Son dos las tentativas que subyacen mi inquietud: (1) Si la adquisición y la inquisición (averiguación) no son actividades asimilables y (2) si, al hacer consciente la preferencia que se manifiesta con el sentimiento que nos inclina a favorecer determinadas alternativas, nos percatamos de que existe en nosotros un impulso o volición de orden, ¿no podemos ir más allá de Hume y recuperar desde él mismo la racionalidad del comportamiento humano (la voluntad en el sentido aristotélico, por ejemplo, como principio racional de acción o como apetito o apetencia racional), y, así, “cicatrizar” “previamente” “la herida” entre teoría y praxis abierta por Kant? O sea, que las preguntas eran más bien un pretexto para dar pie a una discusión más interesante.