JENIFER ARAUZ PEÑA
MARA ITZEL FLORES MEDINA
ILSE PAOLA GONZÁLEZ RESÉNDIZ
NATIVIDAD MAYA PADILLA
ANDREA OLIVARES DÍAZ
FERNANDA ALEJANDRA RODRÍGUEZ GARCÍA
Tratado de la naturaleza humana
Libro primero: del Entendimiento
Parte cuarta: del sistema escéptico y de otros sistemas de filosofía
Sección V: de la inmaterialidad del alma
Hume comienza con la pregunta ¿qué se entiende por sustancia e inherencia?
1)
• Toda idea se deriva de una impresión
• Si tuviésemos una idea de la sustancia de nuestro espíritu entonces deberíamos de tener también una impresión de ella
• Por lo tanto: ya que una impresión no puede asemejarse a una sustancia, no tenemos dicha impresión
2)
• Algunas veces se quiere evadir el caso de la sustancia definiéndola como algo que existe por sí mismo.
• Sin embargo esta definición concuerda con todo lo que es posible concebir.
• Por lo tanto: no servirá jamás para distinguir a la sustancia del accidente o al alma de sus perfecciones.
Ya que:
o Todo lo que se concibe claramente, puede existir, y todo lo que es claramente concebido de alguna manera debe existir de la misma manera.
o Además, todo lo que es diferente es distinguible, y todo lo que es distinguible es superable por la imaginación
• Por lo tanto: puesto que todas nuestras percepciones son diferentes entre sí y de todo lo restante del universo, son también distintas y separables y pueden ser consideradas como existiendo separadamente y no tener necesidad de ninguna otra cosa para mantener su existencia, por consiguiente son sustancias de la manera según la cual la antedicha definición explica una sustancia.
Por lo tanto: Ni considerando el primer origen de las ideas ni por un medio de definición somos capaces de llegar a una noción satisfactoria de sustancia, lo que me parece una razón suficiente para abandonar y condenar la cuestión.
• Puesto que una sustancia es enteramente diferente de una percepción y la inherencia es algo que se supone requerida para fundamentar la existencia de una percepción
• Por lo tanto: no tenemos idea de inherencia
Argumento a favor de la inmaterialidad del alma
• Todo lo que es extenso consiste en partes
• Todo lo que tiene partes es divisible, si no en realidad, al menos en la imaginación
• Sin embargo, es imposible que algo divisible pueda ser unido a un sentimiento o percepción, que es un ser totalmente inseparable e indivisible.
Por lo tanto: si existe unido a la extensión, debe existir en alguna parte y en sus dimensiones. Si existe en sus dimensiones, debe o existir en una parte particular, y entonces esta parte particular es indivisible y la percepción se halla unida solamente con ella y no con la extensión, o, si el pensamiento existe en todas partes, debe ser también extenso, separable y divisible como el cuerpo, lo que es totalmente absurdo y contradictorio.
Este argumento afecta solamente a la cuestión relativa al enlace del alma en un lugar con la materia y por consiguiente Hume considerará qué objetos son o no susceptibles de enlazarse en un lugar.
• Todo lo que tiene un lugar en que existe o debe ser como extenso o debe ser un punto matemático sin partes o composición
• Lo que es extenso debe tener una figura particular, ninguna de las cuales concordara con un deseo o de hecho con una impresión o idea, exceptuadas las de la vista y el tacto.
Por lo tanto: no será posible considerar un deseo, aunque indivisible, como un punto matemático pues en este caso sería posible por la adición de otros, hacer dos, tres, cuatro deseos y disponer y situar a estos de manera que obtuviésemos una longitud, latitud y profundidad determinada lo que es evidentemente absurdo.
Máxima de Hume: un objeto puede existir y no hallarse en ninguna parte, y afirmo que esto no sólo es posible, sino que la mayor parte de los seres existen y deben existir de esta manera.
• Un objeto puede decirse que no se halla en ninguna parte cuando sus partes no se hallas situadas las unas con respecto de las otras de modo que conformen una figura o cantidad, ni el todo con respecto a los cuerpos, de modo que responda a nuestras nociones de contigüidad o distancia. Esto sucede por todas nuestras percepciones y objetos excepto los de la vista y el tacto.
Por lo tanto: las percepciones que son simples y no existen en ningún lugar son incapaces de enlazarse en un lugar con la materia de los cuerpos, que es extensa y divisible, ya que es imposible hallar una relación más que sobre la base de una cualidad común.
• Aunque un objeto extenso es incapaz de unirse en un lugar con otro que existe sin lugar alguno o extensión, sin embargo ambos son susceptibles de muchas otras relaciones. Por ejemplo, la relación causa efecto y contigüidad.
• Estas relaciones entre el objeto extenso y las diferentes cualidades que existen sin lugar determinado, deben ejercer un efecto tal sobre la mente que cuando uno de ellos aparece dirigirá este inmediatamente su pensamiento a la concepción del otro. Igualmente intentamos concederles una nueva relación: la del enlace en un lugar que puede ser la transición más fácil y natural (cuando los objetos están unidos en una relación propendemos a añadirles alguna nueva relación para hacer su unión más completa porque experimentamos una satisfacción)
Sin embargo nos hallamos bajo la influencia de dos principios contradictorios, la inclinación de nuestra fantasía y la inclinación de nuestra razón. A pesar de esto, no renunciamos a ninguno de los dos, sino que envolvemos el asunto en una oscuridad tal que no percibimos ya la oposición.
Teoría de Spinoza: doctrina de la simplicidad del universo y la unidad de la sustancia en la que supone que son inherentes el pensamiento y la materia.
• Es decir, existe una materia sola en el mundo que es totalmente simple e indivisible y existe en todas partes sin presentarse en algún lugar determinado. Ni el tiempo ni el lugar, ni toda diversidad de la naturaleza (todo lo que descubrimos por la sensación externa o por reflexión externa) son capaces de producir alguna composición o cambio en su perfecta simplicidad e identidad.
Hume está en descuerdo con el precedente argumento ya que es totalmente ininteligible como la inmaterialidad del alma.
• Para hacer esto evidente recordemos que toda idea se deriva de una percepción precedente y que es imposible que la idea de una percepción y la de un objeto o existencia externa puedan representar algo diferente de un modo específico.
• Cualquier diferencia que podamos suponer entre ellas nos es incomprensible y nos hallamos obligados o a concebir un objeto externo meramente como una relación sin término relativo o hacer de él una percepción o impresión.
Por lo tanto: ya que podemos suponer y no concebir una diferencia específica entre un objeto y una impresión, cualquier conclusión que hagamos relativa al enlace o discordia de las impresiones, no se reconocerá ciertamente aplicable a los objetos. En cambio toda conclusión de este género que realicemos con respecto a los objetos será ciertamente aplicable a las impresiones.
• No poseemos idea alguna de una cualidad de un objeto que no concuerde con una cualidad de una impresión o no la represente, y esto porque todas nuestras ideas se derivan de las impresiones.
Por lo tanto: no podemos hallar jamás una discordia entre un objeto extenso, como una modificación, y una esencia simple y sin partes, como su sustancia, a menos que la discordia no tenga lugar igualmente entre la percepción o impresión del objeto extenso y la misma esencia sin partes.
Causas de nuestras percepciones: como los diferentes choques, variaciones y mezclas son los cambios solos de que la materia es susceptible y ninguno de ellos nos aporta una idea del pensamiento o percepción, se concluye que el pensamiento no puede ser producido nunca por la materia.
Contra argumento:
• Jamás percibimos una conexión entre causas y efectos y sólo por la experiencia de su unión llegamos al conocimiento de su relación.
• Todos los objetos que no son contrarios son susceptibles de una unión constante.
• Los objetos reales no son contrarios.
Por lo tanto: considerando el asunto a priori, algo puede producir algo, y jamás descubriremos una razón por qué un objeto pueda o no ser causa de otro tan grande o tan pequeño como pueda ser la semejanza existente entre ellos.
Conclusión final
La cuestión relativa la sustancia del alma es absolutamente ininteligible; todas nuestras percepciones no son susceptibles de una unión local tanto con lo que es extenso como con lo inextenso, siendo las unas de un género y las otras de otro, y como el enlace constante de los objetos constituye la verdadera esencia de la causa y el efecto, la materia y el movimiento pueden ser considerados frecuentemente como causas del pensar en cuanto tenemos alguna noción de esta relación.
Sección VI. De la identidad personal
Concepción de algunos filósofos del Yo: los seres humanos somos consientes íntimamente en todo momento de los que llamamos nuestro Yo, sentimos su existencia y su continuación en la existencia.
Contra argumento:
• Yo o persona no es una impresión, sino lo que suponemos que tiene referencias en varias impresiones o ideas.
• Si una impresión da lugar a la idea del Yo, la impresión debe continuar siendo invariablemente la misma a través de todo el curso de nuestra vida.
• No existe ninguna impresión constante e invariable.
• Las pasiones y sensaciones se suceden las unas a las otras y no pueden existir jamás aun mismo tiempo.
Por lo tanto: No podemos derivar la idea del Yo de una de esas impresiones, y por consecuencia no existe tal idea.
Pero: ¿de qué manera nuestras percepciones particulares pertenecen al Yo y cómo se enlazan con él?
• No puedo jamás sorprenderse a mi mismo en algún momento sin percepción.
Por lo tanto:
• Los hombres no son más que un enlace o colección de diferentes percepciones que se suceden las unas a las otras con una rapidez inconcebible y que se hallan en un flujo constante y movimiento perpetuo.
• El espíritu es una especie de teatro donde varias percepciones aparecen sucesivamente, pasan, vuelven a pasar, se deslizan y se mezclan en una infinita verdad de posturas y situaciones.
Sin embargo: somos propensos a confundir la identidad con la relación.
Por que:
• La actividad de la imaginación por la que consideramos el objeto interrumpido e invariable y aquella por la que reflexionamos sobre la sucesión de objetos relacionados son casi las mismas para el sentimiento y no se requiere mucha más esfuerzo de pensamiento en el último caso que en el primero.
• Las relaciones que unen las percepciones en la imaginación son la semejanza, continuidad y causalidad.
Sine embargo: es gracias a la memoria que descubrimos la identidad además de que contribuye a su producción, creando la relación de semejanza entre percepciones.
Por lo tanto:
• La semejanza en la actividad de la imaginación es la causa de la confusión y error que nos hace sustituir la noción de identidad a la de objetos relacionados.
Es decir:
• Aunque en un instante dado podamos considerar la sucesión relacionada como variable o interrumpida, nos hallamos seguros en un momento próximo de atribuirle una identidad perfecta y de estimarla como invariable e ininterrumpida.
• Nuestro último recurso es ceder ante ella y afirmar atrevidamente que estos objetos diferentes y relacionados son en efecto lo mismo, aunque interrumpidos y variables.
Por lo tanto: para justificar este absurdo, fingimos la existencia continua de las percepciones de nuestros sentidos para evitar la interrupción y recurrimos a la noción de un alma, yo y sustancia, para desfigurar la variación.