Universidad Nacional Autónoma de México
Facultad de Filosofía y Letras
Colegio de Filosofía
Lógica III
Basurto Soriano Erandi.
Caballero Mendieta Iván.
Preciado Ramírez Aarón Manuel.
Tapia González Sandra Anai.
Actos reflexivos de la mente.
Inferencia empírica a posteriori o intuitiva.
Libro 1, parte 3
Sección IV: De los elementos componentes de nuestro razonamiento relativos a la causa y efecto
Tesis a probar:
Los razonamientos relativos a causas y efectos se derivan de la convicción que produjeron las impresiones pasadas.
1. El espíritu en sus razonamientos de causas y efectos, dirige su vista más allá de los objetos que vemos o recordamos (III, IV, 1)
2. Pero el espíritu no puede perder de vista completamente los objetos que vemos o recordamos ni razonar tan sólo sobre sus propias ideas (III, IV, 1)
3. Cuando inferimos efectos partiendo de sus causas debemos establecer la existencia de estas causas, y para ello sólo tenemos dos caminos: la percepción inmediata de nuestra memoria o sentidos, o la inferencia partiendo de otras causas, las cuales debemos explicar por una inferencia partiendo de sus causas, y así hasta el infinito. (III, IV, 1)
4. Es imposible para nosotros proseguir las inferencias hasta el infinito (III, IV, 1)
Conclusión 1:
Lo único que puede detenerlas es una impresión de la memoria o los sentidos más allá de la cual no existe espacio para la duda o indagación (III, IV, 1)
1 No podemos razonar sobre nuestras conclusiones o principios pasados sin recurrir a las impresiones de las que primeramente surgieron. (III, IV, 3)
2 Aún suponiendo que estas impresiones estén enteramente borradas de la memoria, la convicción que produjeron subsiste aún
Conclusión 2:
Todo razonamiento relativo a las causas y efectos se derivaba originariamente de la convicción que produjeron impresiones pasadas. (III, IV, 3)
Sección V: De las impresiones de los sentidos y la memoria
1. Todos nuestros argumentos relativos a las causas y efectos consisten en una impresión de la memoria y los sentidos (III, V,1)
2. Podemos realizar inferencias partiendo de nuestras percepciones, ya sean verdaderas o falsas, ya representen a la naturaleza exactamente o sean meras ilusiones de los sentidos (III, V, 1)
3. La diferencia entre la memoria y la imaginación consiste en que: O la memoria conserva el orden y posición original de sus ideas, y la imaginación altera las ideas y las cambia como le place; O en la fuerza y vivacidad de las impresiones producidas por la memoria (III, V, 1)
4. La diferencia sustentada en el orden y posición de las ideas es insuficiente para distinguir la memoria de la imaginación porque es imposible recordar impresiones pasadas para compararlas con nuestras ideas presentes y ver si son exactamente similares (III, V, 3)
Conclusión 1:
La diferencia entre memoria e imaginación radica en su fuerza y vivacidad en la memoria. (III, V, 3)
1 Así como una idea de la memoria, al perder su fuerza y vivacidad, puede degenerar en un grado tal que pueda ser tomada por una idea de la imaginación, una idea de la imaginación, a su vez, puede adquirir una fuerza tal que pase a ser una idea de la memoria y producir sus efectos sobre la creencia y el juicio (III, V, 7)
2 La creencia es la vivacidad de las percepciones que están presentes y que esto sólo lo distingue de la imaginación (III, V, 8)
3 La creencia consiste en sentir una impresión inmediata de los sentidos o una repetición de ésta en la memoria (III, V, 8)
4 Debido a la frecuente repetición se puede llegar a creer que las ideas de la imaginación son realidades (III, V, 7)
Conclusión 2:
3 La costumbre y el hábito poseen en la mente la misma influencia que la naturaleza y fijan la idea con igual fuerza y vigor (III, V, 7)
Conclusión general:
La fuerza y vivacidad de la percepción son tan sólo las que constituyen el primer acto del juicio y proporcionan el fundamento del razonamiento que construimos sobre él cuando establecemos la relación de causa y efecto (III, V, 8)
Sección VI: De la inferencia de la impresión a la idea
1. Es necesario que en todo razonamiento probable exista algo presente al espíritu, visto o recordado y que partiendo de esto infiramos la existencia de algo enlazado con ello que no sea ni visto ni recordado (III, VI, 5)
2. Recordamos haber tenido casos de la existencia de una especie de objetos y también recordamos que los individuos de otra especie de objetos han acompañado siempre a aquellos y han existido en un orden regular de contigüidad y sucesión con respecto a ellos. (III, VI, 2)
3. También recordamos su unión constante y llamamos a los unos causas y a los otros efectos (III, VI, 2)
4. Los principios generales que asocian las ideas son: semejanza, contigüidad y causalidad (III, VI, 12)
Conclusión:
Siempre que el espíritu hace una transición sin razón alguna se haya influido por estas relaciones (de enlace constante, contigüidad y sucesión) (III, VI, 12)
Sección VII: De la naturaleza de la idea o creencia
1. La creencia en la existencia no aporta una nueva idea para unirla con las que componen la idea del objeto (III, VII, 2)
2. La creencia hace alguna deferencia entre la concepción a la que asentimos y aquella de que disentimos (III, VII, 3)
3. La creencia es una manera peculiar de formarnos una idea caracterizada por la variación de sus grados de fuerza y vivacidad (III, VII, 5)
4 Cuando inferimos la existencia de un objeto partiendo de la de otro, algún objeto debe hallarse presente a la memoria o los sentidos para ser el fundamento de nuestro razonamiento, ya que el espíritu no puede realizar sus inferencias al infinito.
5 La razón no puede jamás convencernos de que la existencia de un objeto implica la de otro
6. Siempre que el espíritu hace una transición sin razón alguna se haya influido por estas relaciones (de enlace constante, contigüidad y sucesión) (III, VI, 12) Conclusión sección anterior
Conclusión:
Cuando pasamos de la impresión de una a la idea o creencia del otro no nos hallamos determinados por la razón sino por el hábito o un principio de asociación.
Sección VIII: De las causas de la creencia
1. Siempre que una impresión cualquiera llega a sernos presente no sólo lleva a la mente las ideas con las que está relacionada, sino que comunica también a estas últimas partes de su fuerza y vivacidad (III, VIII, 2)
2. Una vez que la mente ha sido avivada por una impresión presente pasa a hacerse una idea más vivaz de los objetos relacionados gracias a una transición natural de su disposición. (III, VIII, 2)
3. Pensar en un objeto hace que la mente pase en seguida al que le es contiguo, pero sólo la presencia real de un objeto la lleva a hacer esto con superior vivacidad (III, VIII, 5)
4. La idea de creencia surge solamente a partir de una relación con una impresión presente (III, VIII, 7)
Conclusión 1
La creencia no añade nada a la idea, sino que cambia únicamente nuestro modo de concebirla, haciendo más intensa y viva.
1 Nada corresponde a la operación de la mente de generar una creencia sino una impresión presente, una idea vivaz y una relación o asociación en la fantasía que media entre la impresión y la idea (III, VIII, 7)
2 Los objetos no tienen entre sí conexión alguna que pueda descubrirse. Sólo partiendo de la costumbre que actúa sobre la imaginación podemos efectuar una inferencia desde la manifestación de uno a la existencia del otro. (III, VIII, 12)
3 La mente acepta completamente el principio de que casos de los que no hemos tenido experiencia deben ser necesariamente semejantes a aquellos en que sí la hemos tenido (III, VIII, 13)
4 En algunos casos es la reflexión quien produce la creencia, sin que exista costumbre o la reflexión origina entonces la costumbre de un modo indirecto y artificial. (III, VIII, 14)
5 La mente está convencida del principio de que objetos parecidos en circunstancias parecidas producirán siempre efectos parecidos (III, VIII, 14)
Conclusión 2:
La conexión de las ideas no se ha convertido en hábito tras un solo experimento, sino que está subsumida en otro principio, que sí es habitual. En todos los casos transferimos nuestra experiencia a casos de los que no tenemos experiencia, hagamos esta transferencia de forma expresa o tácita, directa o indirecta (III, VIII, 14)
Sección IX: De los efectos de otras relaciones y otros hábitos.
Tesis a probar: Además de la causa y el efecto, las dos relaciones de semejanza y contigüidad deben ser consideradas como principios asociadores del pensamiento y como capaces de llevar la imaginación de una idea a otra (III, IX, 2)
1. Todo lo que se halla presente a la memoria e impresiona a la mente debe ser un factor considerable en todas las actividades de la mente y debe distinguirse con facilidad de las meras ficciones de la imaginación. (III, IX, 3)
2. De estas impresiones o ideas de la memoria formamos una especie de sistema que comprende todo lo que recordamos haber estado presente es lo que llamamos realidad. Este sistema es objeto de la memoria y los sentidos (III, IX, 3)
3. Existe otro sistema de percepciones, enlazado por el hábito, o si se quiere, por la relación de causa y efecto, procede a la consideración de sus ideas las construye en un nuevo sistema que igualmente designa con el nombre de realidad. Este sistema es objeto del juicio. Este último principio (juicio) puebla al mundo y nos permite conocer existencias que por su distancia en tiempo y lugar se hallan más allá del alcance de los sentidos y la memoria (III, IX, 3)
4. Todo esto que yo creo, no son más que ideas, aunque por su fuerza y orden fijo que surge del hábito, y la relación de causa y efecto se distinguen de las otras ideas que son tan sólo producto de la imaginación (III, IX, 4)
Tesis a probar: Las relaciones de semejanza y contigüidad solas son débiles e inciertas (III, IX, 6)
1. No existe ninguna necesidad para que el espíritu finja algún objeto semejante y contiguo (III, IX, 6)
2. Si lo finge, existe una necesidad muy pequeña para que se limite al mismo (objeto) sin una diferencia o variación (III, IX, 6)
3. Una ficción tal se funda tan poco en la razón, que nada más que el puro capricho puede determinar al espíritu a formársela (III, IX, 6)
4. Forma una regla general contraria a que repose alguna seguridad en estos momentáneos chispazos de luz que surge en la imaginación partiendo de una fingida semejanza o contigüidad (III, IX, 6)
5. Es imposible que pueda jamás actuar con un grado considerable de fuerza y constancia.
Las ventajas de las relaciones de causa y efecto
1. Los objetos que presenta son fijos e inalterables (III, IX, 7)
2. Las impresiones de la memoria jamás cambian en un grado considerable (II, IX, 7)
3. Cada impresión surge acompañada de una idea precisa que ocupa su lugar en la imaginación como algo sólido, real, cierto e invariable. (III, IX, 7)
Conclusión: El pensamiento se halla siempre determinado sin ninguna elección o vacilación.
Sobre el hábito.
1. La contigüidad y semejanza tienen un efecto muy inferior al de la causalidad, pero tienen algún efecto y aumentan la convicción de una opinión y la vivacidad de una concepción (III, IX, 8)
2. Cuando la semejanza va unida con la causalidad fortifica nuestros razonamientos (III, IX, 13)
3. No es extraño que la falta de semejanza pueda deshacer lo que el hábito ha establecido y disminuye la fuerza de la idea (III, IX, 13)
4. El hábito, al cual atribuyo toda creencia y razonamiento puede actuar sobre el espíritu vigorizando una idea (III, IX, 16)
5. No nos debemos contentar aquí con decir que la vivacidad de la idea produce la creencia (III, IX, 17)
6. La repetición frecuente de una idea fija a ésta en la imaginación (III, IX, 17)
7. [La repetición] no puede jamás por sí misma producir la creencia (III, IX, 17)
Conclusión: Debemos tomar en cuenta que el hábito nos puede llevar a una falsa comparación de ideas, y que es éste el efecto más grande que de él podemos concebir. Luego, es cierto que el hábito jamás puede sustituir a la comparación ni producir un acto del espíritu que corresponda naturalmente a este principio (III, IX, 17)
Sección X: De la influencia de la creencia.
Tesis principal: En el espíritu de los hombres se halla establecida una percepción del dolor y el placer como resorte capital y principio motor de todas sus acciones (III, X, 2)
1. Las impresiones actúan sobre el alma siempre y en el grado más alto, pero no toda idea tiene el mismo efecto (III, X, 2)
2. El efecto, pues, de la creencia consiste en conceder a una simple idea la igualdad con las impresiones y concederle una análoga influencia sobre las pasiones (III, X, 3)
3. Donde quiera que podamos hacer que una idea se aproxime a las impresiones en fuerza y vivacidad se asemejará a ella igualmente en su influencia sobre el espíritu (III, X, 3)
4. La creencia, pues, ya que hace que una idea tenga los mismos efectos que las impresiones, debe hacer que se les asemeje en estas cualidades y no es más que una concepción más vivaz e intensa de una idea (III, X, 3)
5. Cuando un objeto capaz de afectarnos se presenta da la alarma y excita inmediatamente un grado de su pasión correspondiente, especialmente en las personas que son naturalmente propensas a esta pasión (III, X, 4)
6. Esta emoción pasa por una fácil transición a la imaginación nos hace formarnos su idea con mayor fuerza y vivacidad y nos hace asentir a ella según el sistema que precede (III, X, 4)
7. Las ideas que (se) nos presentan no yendo acompañadas de la creencia no impresionan el espíritu (III, X, 5)
8. Podemos observar que, aunque las ideas no tengan influencia ninguna sobre la voluntad y las pasiones, la verdad y la realidad son necesarias aun para hacerlas gratas a la imaginación (III, X, 6)
9. La verdad, tan necesaria como pueda parecer en todas las obras del genio, no tiene más efecto que procurar una fácil aceptación de las ideas.
10. La mezcla de la verdad y falsedad de los argumentos de los poetas trágicos muestra que la imaginación puede satisfacerse sin una creencia o seguridad absoluta (III, X, 7)
11. La creencia debe agradar a la imaginación por medio de la fuerza y vivacidad que la acompaña, ya que toda idea que posee fuerza y vivacidad encontramos que es agradable a esta facultad (III, X, 7)
12. La creencia no sólo concede vigor a la imaginación, sino que una imaginación vigorosa y fuerte es de todos los talentos el más apropiado para proporcionar la creencia y autoridad (III, X, 8)
Tesis: El espíritu puede fácilmente distinguir entre las cualidades afectivas de la poesía y las proporcionadas por la actividad mental (III, X, 8)
1. Cuando la imaginación adquiere, por un fermento extraordinario de la sangre y los espíritus, una vivacidad tal que desordena todas sus fuerzas y facultades, no hay posibilidad de distinguir entre verdad y falsedad (III, X, 9)
2. Toda quimera del cerebro es tan vivaz e intensa como cualquiera de las inferencias que designamos primeramente con el nombre de conclusiones relativas a los hechos y a veces tanto como las impresiones presentes de los sentidos (III, X, 9)
3. Una pasión: es sentida menos firme y sólidamente y no tiene otro efecto más que el agradable de despertar a los espíritus animales y despertar la atención (III, X, 10)
4. La diferencia de las pasiones es una prueba clara de una diferencia análoga en las ideas de las cuales las pasiones se derivan (III, X, 10)
5. Aunque la imaginación no pueda en apariencia ser muy agitada, existe siempre algo más fuerte y real en sus actividades que en los fervores de la poesía y la elocuencia (III, X, 11)
6. El vigor de la concepción que las ficciones toman de la poesía y elocuencia es una circunstancia meramente accidental estas ficciones no se hallan enlazadas con nada que sea real (III, X, 9)
7. Esta observación nos hace prestar algo, por nuestra parte, a la ficción, por decirlo así; pero produce que la idea sea sentida muy diferentemente de las persuasiones establecidas de un modo duradero y basadas en la memoria y el hábito (III, X, 11)
Sección XI: De la probabilidad del azar
1. En el lenguaje corriente afirmamos que muchos argumentos que parten de la causalidad exceden a la probabilidad y pueden ser admitidos como un género superior de evidencia (III, XI, 2)
Existen 3 grados de evidencia (para tener seguridad de que sucederán hechos de los cuales no tenemos más evidencia que la que la experiencia nos da) (III, XI, 2):
1) El conocimiento: seguridad que surge de la comparación de ideas
2) Las pruebas: los argumentos que se derivan de la relación de causa y efecto y que están totalmente libres de duda e incertidumbre
3) La probabilidad: la evidencia que va acompañada con alguna incertidumbre
La probabilidad puede dividirse en dos géneros: el que se funda en el azar y el que surge de las causas (III, XI, 3)
1. La idea de causa y efecto se deriva de de la experiencia que, presentándonos ciertos objetos constantemente enlazados entre sí, produce el hábito de considerarlos en esta relación, de modo que no podemos, sin una violencia sensible, considerarlos en ninguna otra (III, XI, 3)
2. Una causa indica el camino a nuestro pensamiento y en cierto modo le obliga a considerar determinados objetos en determinadas relaciones. Sólo el azar puede destruir esta determinación del pensamiento y dejar al espíritu en su situación originaria de indiferencia, en la que una vez cesen las causas que se oponen a ello es instantáneamente reintegrado (III, XI, 4)
Conclusión 1: Hemos observado ya que el espíritu se halla determinado por la costumbre a pasar de una causa a su efecto y que cuando uno de estos términos se presenta es casi imposible no formarse la idea del otro. Su unión constante en casos pasado ha producido un hábito tal en el espíritu, que los une por siempre en su pensamiento e infiere la existencia del uno de la de su acompañante usual (III, XI, 11)
1. Como el azar no es nada real en sí mismo y, propiamente hablando, es meramente la negación de una causa, su influencia en el espíritu es contraria a la de la causalidad y le es esencial al dejar a la imaginación en plena libertad de considerar la existencia o no existencia del objeto que se considera como contingente (III, XI, 4)
2. Una indiferencia perfecta y total es esencial al azar, y una indiferencia total no puede jamás en sí misma ser superior a otra (III, XI, 5)
3. Cuando nada limita el azar, toda noción que la fantasía más extravagante puede formarse es de la misma categoría y no puede existir una circunstancia que conceda a una de ellas ventaja sobre las otras (III, XI, 6)
Conclusión 2: La verdadera naturaleza y esencia del azar es una negación de las causas y el dejar al espíritu en una indiferencia perfecta para elegir entre los sucesos que se supone son contingentes. (III, XI, 12)
Encontrar por qué medios un número igual o superior de probabilidades actúa sobre el espíritu y produce creencia o asentimiento
1. Podemos repetir aquí los mismos argumentos que hemos empleado al examinar la creencia que surge de las causas y podemos probar de la misma manera que un número superior de probabilidades no produce nuestro asentimiento ni por demostración ni por probabilidad (III,XI,7)
2. Donde existe un número superior de casos existe actualmente una probabilidad superior, y donde existe uno inferior es ésta inferior (III, XI, 8)
3. (Si se presentan casos contrarios) Según que los casos contrarios disminuyan y aumente la superioridad de los otros casos, su creencia adquirirá nuevos grados de estabilidad y seguridad (III, XI, 9)
Conclusión: La vivacidad de la idea es siempre proporcional a los grados del impulso o tendencia hacia la transición, y la creencia es lo mismo que la vivacidad de la idea (III, XI, 13)
Sección XII: De la probabilidad de las causas
1. Lo que el vulgo llama azar no es más que una causa secreta y oculta (III, XII, 1)
2. Todas las causas se derivan del mismo origen: la asociación de ideas con la impresión presente. Como el hábito que produce la asociación surge del enlace frecuente de objetos, debe llegar a su perfección por grados y debe adquirir nueva fuerza por cada caso que cae bajo nuestra observación (III, XII, 2)
3. Lo que hemos hallado que resulta una vez de un objeto concluimos que siempre resultará de él (III, XII, 3)
Naturaleza y causas de la oposición (una observación que es contraria a otra y que las causas y efectos no se siguen en el mismo orden del que hemos tenido experiencia) (III, XII, 5)
• El vulgo atribuye la incertidumbre de los sucesos a una incertidumbre análoga en las causas, que las hace no ejercer su influencia usual, aunque no hallan obstáculo ni impedimento en su actuación.
• Los filósofos piensan que por lo menos es posible que la opción de los sucesos no proceda de la contingencia de las causas, sino de la operación secreta de las causas contrarias
1. Aunque los filósofos y el vulgo puedan diferir en su explicación de la oposición de los sucesos, sus inferencias partiendo de ella son siempre del mismo género y se fundan en los mismos principios (III, XII, 6)
2. Una oposición de sucesos en el pasado puede producirnos una especie de creencia dudosa para el futuro, produciendo un hábito imperfecto y transición imperfecta de la impresión presente a la idea relacionada (III, XII, 6)
3. Cuando el enlace de dos objetos es frecuente, sin ser enteramente el espíritu, se halla inclinado a pasar de un objeto a otro, pero no con un hábito tan completo como cuando esta unión es ininterrumpida y todos los casos que encontramos son uniformes y de un mismo tipo (III, XII, 6)
4. Es evidente que cuando un objeto va acompañado de efectos contrarios juzgamos de él tan sólo por nuestra experiencia pasada y consideramos siempre como posibles los que hemos observado que se siguen de él, y como nuestra experiencia pasada regula nuestro juicio referente a la posibilidad de estos efectos, hace también esto con respecto a su probabilidad, y el efecto que ha sido el más común lo estimamos el más probable (III, XII, 8)
Debemos considerar: 1) Las razones que nos determinan a hacer del pasado un
criterio para el futuro
2) la manera como hacemos un juicio único partiendo de la oposición de los sucesos pasados
1. Primeramente, podemos observar que el supuesto de que el futuro se asemeja al pasado no se funda en argumentos, de cualquier clase que estos sean, sino que se deriva enteramente del hábito por el que nos hallamos determinados a esperar para el futuro la misma serie de objetos a la que hemos sido acostumbrados (III, XII, 9)
2. Segundo: cuando al considerar los experimentos pasados los hallamos de una naturaleza contraria, esta determinación, aunque plena y perfecta en sí misma, no se presenta con ningún objeto estable, sino que ofrece un cierto número de imágenes discordantes en un cierto orden y proporción (III, XII, 10)
3. Para cada probabilidad existe una posibilidad opuesta. Esta posibilidad está compuesta de partes que son totalmente de la misma naturaleza que las de la probabilidad y, por consiguiente, tienen la misma influencia sobre la mente y entendimiento (III, XII, 17)
4. La creencia que acompaña a la probabilidad es un efecto compuesto que está formado por la coincidencia de varios efectos que proceden de cada parte de la probabilidad (III, XII, 17)
5. Todos nuestros razonamientos referentes a la probabilidad de causas se fundan en la aplicación del pasado al futuro (III, XII, 9)
6. Cuando el espíritu hace un razonamiento referente a un hecho que es sólo probable dirige su vista hacia la experiencia pasada y transfiriéndola al futuro se le presentan varias concepciones contrarias de su objeto, de las cuales las que son del mismo género se unen entre sí y , formando un acto del espíritu, sirven para vivificarlo y fortificarlo (III, XII, 23)
Existe una tercera especie de probabilidad que surge de la analogía, en ella tan solo la semejanza se halla afectada. Sin algún grado de semejanza es imposible que exista un razonamiento; pero como la semejanza admite muchos grados diferentes, el razonamiento se hace en relación con esto más o menos firme y cierto (III, XII, 25)