ANÁLISIS DE LA SECCIÓN XIV DE LA TERCERA PARTE DEL TNH
SOBRE LA IDEA DE LA CONEXIÓN NECESARIA
1er argumento: La idea de necesidad es proporcionada por impresiones.
P1. Como no tenemos ninguna idea que no se derive de impresiones, debemos hallar alguna impresión que dé lugar a la idea de la necesidad si afirmamos que tenemos realmente tal idea. (THM I, III, XIV, 1)
P2. Considerando en qué objeto se supone comúnmente que reside la necesidad, y hallando que se atribuye siempre a las causas y efectos, dirijo mi vista a dos objetos que se supone están enlazados por esta relación y los examino en todas las situaciones de que son susceptibles. Inmediatamente percibo que son contiguos en tiempo y lugar y que el objeto que llamamos causa precede al que llamamos efecto. (THM I, III, XIV, 1)
P3. En ningún caso puedo ir más lejos ni es posible para mí descubrir una tercera relación entre estos objetos, y, por consiguiente, amplío mi consideración hasta que comprenda varios casos en los que hallo iguales objetos existiendo en iguales relaciones de contigüidad y sucesión. (THM I, III, XIV, 1)
P4. La reflexión sobre varios casos tan sólo repite los mismos objetos, y, por consiguiente, no puede dar lugar a una nueva idea. (THM I, III, XIV, 1)
P5. Sin embargo, basándonos en una investigación ulterior, hallo que la repetición no es en cada caso particular la misma…después de una repetición frecuente hallo que ante la aparición de uno de los objetos el espíritu se halla determinado por la costumbre a considerar a su acompañante usual y a considerarlo de un modo más enérgico por su relación con el primer objeto. (THM I, III, XIV, 1)
C. Es la impresión, pues, o la determinación la que me proporciona la idea de la necesidad. (THM I, III, XIV, 1)
2do argumento: Error de las ideas de poder y eficacia
P1.1. La razón por sí sola jamás puede dar lugar a una idea original. (THM I, III, XIV, 5)
P1.2. La razón como distinta de la experiencia jamás puede hacernos concluir que una causa o cualidad productiva se requiere absolutamente para todo comienzo de existencia. (THM I, III, XIV, 5)
C1. Debo inferir tan sólo de ellas que ya que la razón jamás puede dar lugar a la idea de eficacia, esta idea debe derivarse de la experiencia y de algunos casos particulares de esta eficacia que constituyen sus pasos hacia el espíritu por los canales comunes de la sensación o reflexión. (THM I, III, XIV, 6)
P2.1. En esta investigación nos sentimos muy poco animados, dada la prodigiosa diversidad que se halla en las opiniones de os filósofos que han pretendido explicar la fuerza y energía secreta de las causas. (THM I, III, XIV, 7)
P2.2. Todas estas opiniones, a su vez, se hallan mezcladas y variadas de mil modos diferentes y constituyen una decidida sospecha de que ninguna de ellas tiene solidez o evidencia y que el supuesto de una eficacia en alguna de las cualidades conocidas de la materia carece en absoluto de fundamento. (THM I, III, XIV, 7)
P2.3. Esta sospecha debe aumentar cuando consideremos que estos principios o formas sustanciales, accidentes y facultades no son en realidad ninguna de las propiedades conocidas de los cuerpos, sino que son totalmente ininteligibles e inexplicables. (THM I, III, XIV, 7)
C2. Podemos concluir que es imposible mostrar en ningún caso el principio en que reside la fuerza e influencia de una causa y que tanto los entendimientos más refinados como los más vulgares se hallan igualmente perplejos en este particular. (THM I, III, XIV, 7)
Objeción primera
P1 Se considera falso el principio de las ideas innatas. (THM I, III, XIV, 10)
P2 Se sigue que el supuesto de una divinidad no puede servirnos de ayuda al explicar la idea de la influencia que buscamos en vano en todos los objetos que se representan a nuestros sentidos o de que somos consientes internamente en nuestros espíritus. (THM I, III, XIV, 10)
C. Si toda idea se deriva de la impresión, la idea de la divinidad procede del mismo origen, y si ninguna impresión, ya sea de sensación o reflexión, implica una fuerza o eficacia, es igualmente imposible descubrir o imaginar un principio activo tal en la divinidad. (THM I, III, XIV, 10)
Objeción segunda
P1. Si realmente tenemos una idea del poder, podemos atribuir el poder a una cualidad desconocida. (THM I, III, XIV, 11)
P2. Como es imposible que la idea pueda derivarse de una cualidad tal y como no existe nada en las cualidades conocidas que pueda producirlo. (THM I, III, XIV, 11)
C. Se sigue que nos engañamos a nosotros mismos cuando imaginamos que poseemos una idea de este género en la forma en que comúnmente se entiende. (THM I, III, XIV, 11)
Objeción tercera
P1. Tenemos un dominio sobre nuestro espíritu hasta un cierto grado; pero más allá de éste perdemos la autoridad sobre él, y es evidentemente imposible determinar límites precisos de su autoridad cuando no consultamos a la experiencia. (THM I, III, XIV, 12)
P2. Las acciones del espíritu son en este respecto lo mismo que las de la materia. Percibimos tan sólo su enlace constante, pero no podemos razonar más allá de él. (THM I, III, XIV, 12)
C. Por consiguiente, ya que los filósofos confiesan que la materia actúa por una fuerza desconocida, podemos esperar en vano lograr una idea de fuerza consultando a nuestros espíritus. (THM I, III, XIV, 12)
3er argumento: Sobre el poder y la eficacia
P1. Si poseemos, pues, una idea de poder, en general debemos ser capaces de concebir alguna especie particular de él. (THM I, III, XIV, 13)
P2. Como el poder no puede subsistir por sí solo, sino que es siempre considerado como un atributo de algún ser o existencia, debemos ser capaces de colocar este poder en algún ser particular y de considerar ese ser como dotado de una fuerza y energía real, mediante la que resulta de su actuación necesariamente un efecto determinado. (THM I, III, XIV, 13)
P3. Debemos clara y particularmente concebir el enlace entre la causa y el efecto y ser capaces de declarar ante la simple consideración de uno de ellos que debe ser seguido o precedido de otro. (THM I, III, XIV, 13)
C. Esta es la verdadera manera de concebir un poder particular en un cuerpo determinado, y siendo imposible una idea general sin una representación individual, cuando la última es imposible no puede existir jamás la primera. (THM I, III, XIV, 13)
4to argumento: Idea de necesidad
P1. Es evidente, en primer lugar, que la repetición de objetos análogos en relaciones análogas de sucesión y contigüidad no descubre nada nuevo en ninguno de ellos, ya que no podemos realizar una inferencia partiendo de ella ni hacerla asunto de nuestro razonamiento demostrativo probable. (THM I, III, XIV, 17)
P2. Se concederá fácilmente que los varios casos que tenemos del enlace de causas y efectos semejantes son en sí mismos totalmente independientes. (THM I, III, XIV, 18)
P3. Sin embargo, de esta semejanza se derivan las ideas de necesidad, poder e influencia. (THM I, III, XIV, 19)
P4. La observación de esta semejanza produce una nueva impresión en el espíritu, que es su modelo real, pues después que hemos observado la semejanza en un número suficiente de casos, inmediatamente sentimos una determinación del espíritu a pasar de un objeto a su acompañante usual y a concebirlo de un modo más enérgico debió a esta relación. (THM I, III, XIV, 20)
P5. Esta determinación es el único efecto de la semejanza y, por consiguiente, debe ser lo mismo que el poder o influencia, cuya idea se deriva de la semejanza. Los varios casos de enlaces semejantes nos llevan a la noción de poder y necesidad. (THM I, III, XIV, 20)
C. La conexión necesaria entre causas y efectos es el fundamento de nuestra inferencia de los unos a los otros. La fundamentación de nuestra inferencia es la transición que surge de la unión habitual. Ambas son, por consiguiente, lo mismo. (THM I, III, XIV, 21)
Resumen de la argumentación
P1. La idea de la necesidad surge de alguna impresión. (THM I, III, XIV, 22)
P2. No existe impresión alguna proporcionada por nuestros sentidos que pueda dar lugar a esta idea. (THM I, III, XIV, 22)
P3. No existe ninguna impresión interna que tenga alguna relación con el presente problema más que la inclinación que la costumbre produce a pasar de un objeto a la idea de su acompañante usual. (THM I, III, XIV, 22)
C1. Esto, por consiguiente, es la esencia de la necesidad. (THM I, III, XIV, 22)
C2. La necesidad es algo que existe en el espíritu, no en los objetos, y no es posible para nosotros formarnos la idea más remota de ella si consideramos como una cualidad de los cuerpos. O no tenemos idea alguna de la necesidad o la necesidad no es más que la determinación del pensamiento a pasar de las causas a los efectos y de los efectos a las causas, según su unión, que conocemos por experiencia. (THM I, III, XIV, 22)
Deconstrucción de Argumentos: 1.3.14: De la idea de conexión necesaria
De la argumentación anterior, debemos añadir unos corolarios finales para evitar errores y prejuicios:
Primer Corolario [TNH, 1.3.14 32]: Todas las causas son del mismo tipo, no existen diferencias entre causas eficientes, formales y materiales.
1. Ya que en nuestra argumentación de la eficiencia dijimos que ésta proviene de la conjunción constante de dos objetos
2. y si ésta es observable existe causación, si no, entonces no hay ningún tipo de causa.
Segundo Corolario [TNH, 1.3.14 33]: La misma argumentación nos llevará a concluir que existe un solo tipo de necesidad, y la diferencia entre física y moral no existe en la naturaleza. Como ya se dijo,
1. es la conjunción constante y la determinación de la mente lo que constituye la necesidad [TNH,1.3.14 22].
2. O hay necesidad absoluta o hay azar.
3. No puede haber una necesidad intermedia, sería imposible para la mente hacerse una idea de una necesidad no absoluta.
Tercer Corolario [TNH, 1.3.14 35] La necesidad de una causa para cada principio de existencia no esta fundada en argumentos demostrativos o intuitivos.
1. Si tomamos las definiciones del 31, una causa es un objeto que está puesto en relación de prioridad y contigüidad con otro y que todos los objetos que se asemejen al primero estarán puestos en la misma relación con respecto a aquellos objetos que se asemejen al segundo y, una causa es un objeto precedente y contiguo con otro, unido en la imaginación de tal manera que la idea de uno determina a la mente a formar la idea del otro, y la impresión de uno forma una idea más vívida del segundo[es decir, una creencia] sólo se pude seguir que las causas son inferidas através de la experiencia y la observación.
Cuarto Corolario [TNH, 1.3.14 36] No tenemos ninguna razón para creer que no hay un objeto acerca del cual no nos podamos formar una idea. Pues
1. nuestros razonamientos acerca de la experiencia provienen de la causación,
2. y éstos también provienen, como ya se argumentó, de la experiencia de objetos conjuntos,
3. entonces, la misma experiencia nos debe dar noción de estos objetos.