Hernández Ricardo
García Irving
Luna Daniel
Pérez Tezkoatl
Ramos Humberto
Villalobos Ingrid
TNH
PARTE SEGUNDA
SET, parte 1era (sección I y II)
En la sección I y II, Hume propone argumentos en los que una y otra vez concluye una misma idea, a saber: 1) que ninguna extensión finita puede ser dividida infinitamente. La otra conclusión hacia el final de la sección dos es que: 2)el espacio y eltTiempo no son divisibles infinitamente
El primer argumento que construye es en torno al límite de la mente. Algunas de las ideas fundamentales que propone son las siguientes:
1. Que la mente es limitada y como tal no puede alcanzar una comprensión del infinito
2. Que la división al infinito, consta de infinitas partes y por lo tanto, poner límite a la división es equivalente a poner límite a las partes.
→ Entonces, lo más que podemos hacer es dividir en partes inferiores, simples e indivisibles, pues dividir al infinito es imposible.
Después Hume dice lo anterior pero de manera negativa: que no podemos aceptar al mismo tiempo que la mente no es infinita y que las ideas se pueden dividir infinitamente.
Sobre las ideas más simples e indivisibles, dice Hume que podemos contrastarlas con impresiones de objetos de tamaño regular divididos en partes a modo que nos resulte comprensible. Esto para hacer corresponder esta tesis con lo dicho hasta ahora en la primara parte, es decir, que todas las ideas tienen un origen en las impresiones, aunque sean las ideas más simples e indivisibles.
En la sección II comienza con una cadena de ideas provenientes de la propia sección I de esta segunda parte, dice:
• que si las ideas son representaciones adecuadas de los objetos, entonces las relaciones entre las ideas son aplicables a los objetos. Una vez más se apoya en la parte primera, sección I donde propone que: “Las ideas y las impresiones parecen corresponderse las unas a las otras” y por supuesto en su planteamiento de que las impresiones anteceden siempre a las ideas discutido en la sección IV de la primera parte.
• Que las partes más diminutas de determinada extensión no pueden ser inferiores a las ideas formadas de la misma. Proviene del último párrafo de la sección I, segunda parte: “debemos tener una idea distinta que represente cada parte” que podrá agrandarse o empequeñecerse según lo exija la comprensión, pero nunca será infinitamente divisible.
A continuación busca otro camino para reiterar siempre la misma conclusión.
Una cosa que se divide infinitamente debe contener un número infinito de partes indivisibles. Extraído de la sección I nuevamente: “todo lo que es capaz de ser dividido al infinito debe constar de un número infinito de partes” pero la división se detiene en las partes indivisibles. Luego una extensión finita puede ser dividida infinitamente.
Si lo anterior es una contradicción significa que ninguna extensión finita puede ser dividida infinitamente.
Sobre el proceso de división de ideas Hume explica en el segundo párrafo de la sección II, que primero se considera la idea más pequeña que se puede formar de “x”. Todo lo que se descubre es una cualidad real de “x” y después de repetir la idea varias veces se puede hacer más grande o más pequeña. Se halla entonces la idea compleja de extensión. Al detenerse, la idea de extensión se detiene y si se prosigue al infinito, la idea también es infinita.
Sugiere un argumento más a favor de su tesis:
1. La idea de un número infinito de partes es equivalente a la idea infinita de extensión.
2. Ninguna extensión finita es capaz de contener un número infinito de partes.
→ Por lo tanto, ninguna extensión finita es divisible infinitamente. Otra vez concluye lo que le había resultado en la contradicción de la sección II, segundo párrafo, mencionada anteriormente.
Otra alternativa que emplea para insistir sobre la imposible divisibilidad infinita es que la existencia corresponde a la unidad y no es aplicable a las partes más que en razón de las unidades de que la parte está compuesta. Y lo explica con un ejemplo: Veinte hombres existen sí y sólo sí un hombre existe, el hombre número dos existe, el hombre número tres existe, y así hasta alcanzar el hombre número veinte. Si se niega la existencia del hombre dieciocho, diecinueve o veinte, la existencia del hombre uno , el dos o el tres deja de tener lugar.
Así, es absurdo suponer que un número existe y negar la existencia de las partes. Entonces, la unidad finita sólo puede dividirse entre el número finito de sus partes.
A continuación da pauta a la discusión de la dudosa división infinita del tiempo.
1. Es la esencia el tiempo que cada una de sus partes sucede a otra y ninguna parte coexiste con otra. Por esto cada momento debe ser distinto y posterior o anterior a otro. No lo ha mencionado antes en otros argumentos pero da por hecho que así sucede dada la experiencia. El momento se expresa como una parte de la unidad, es decir una parte del tiempo, se le puede empezar a relacionar a la conclusión derivada del ejemplo de los hombres antes referido.
2. Si el tiempo fuera divisible infinitamente habría momentos idénticos que coexistieran.
→ Por consiguiente, el tiempo no puede ser divisible infinitamente.
En seguida, Hume implica vía el movimiento al tiempo y al espacio.
1. La divisibilidad infinita del espacio implica la del tiempo como es evidente por la naturaleza del movimiento.
→Por lo tanto si es imposible que el tiempo sea infinitamente divisible también es imposible que el espacio lo sea.
Al final de la sección adelanta un análisis brevísimo de las objeciones contra SET.
1. Nada de lo que imaginamos es absolutamente imposible (es una máxima de la metafísica)
2. Poseemos una idea de extensión concebida por la imaginación pero lo que no podemos concebir que sea divisible infinitamente ni que conste de un número infinito de partes
→ Por consiguiente la única idea de extensión concebible en la imaginación es la que consta de partes e ideas inferiores. Dice Hume al concluir esto, que las objeciones son sutilidades escolásticas.
SET, parte 2da (sección III)
En la sección III, el autor ahonda en las cualidades propias de las ideas de espacio y tiempo.
Según Hume, las ideas abstractas surgen a partir de la conjunción de ideas particulares cuyas composiciones se perciben análogas; dice de esta forma que las ideas abstractas son ideas particulares sucesivas en las que la mente registró una semejanza luego de la repetición.
La noción de tiempo se considera una idea abstracta en tanto que se deriva de la sucesión de percepciones, sean éstas ideas o impresiones. Del mismo modo, la idea de espacio es una idea abstracta en la medida en la que se deriva de la percepción de la disposición de los objetos tangibles o visibles.
Hume sustenta que la idea de tiempo sólo es posible a través de percepciones sucesivas. Puede que de hecho exista sucesión real en los objetos, pero sin la percepción de ésta, no resulta posible pensar el tiempo. Así, la idea de tiempo proviene de objetos que muestren cambio. Por ello Hume insistirá una y otra vez sobre el siguiente argumento:
1. El tiempo consiste en partes diferentes.
2. Las partes diferentes de las que consta el tiempo no son coexistentes.
:. Un objeto inmutable no puede dar idea de tiempo
→La idea de tiempo debe derivarse de una sucesión de objetos mudables e inseparables
Parecería que Hume analizara únicamente la naturaleza de la idea de tiempo, pero en un punto hace un puenteo de la siguiente manera: “del mismo modo que de la disposición de los objetos visibles y tangibles obtenemos la idea del espacio, obtenemos la del tiempo, de la sucesión de ideas e impresiones”, y ya que el tiempo no puede aparecer separado en la mente tampoco puede hacerlo el espacio. Otra implicación en la que se basa este razonamiento se encuentra en la sección II, en donde se refiere a la no divisibilidad infinita de tiempo y espacio y lo relaciona de la forma siguiente: “La divisibilidad infinita del espacio implica la del tiempo como es evidente por la naturaleza del movimiento, por consiguiente es imposible, la primera debe serlo igualmente”.
→ Por lo tanto, las ideas de tiempo y espacio no son diferentes ni separadas de las partes de las que se componen. Llámense átomos en el caso del espacio o momentos en el caso del tiempo con la única diferencia de la propiedad de coexistencia.
En la segunda parte de esta sección analiza qué son la ideas simples e indivisibles que componen las ideas de tiempo y de espacio.
Lo primero que descarta es que la idea simple e indivisible no sea nada, i.e. que es absurdo que una existencia real como lo es espacio o tiempo esté compuesta de no existencias. Y continúa así:
1. Lo mismo que son las partes es el todo. Máxima clásica que además fundamenta en el ejemplo de los veinte hombres de la sección II.
2. Si una parte del espacio no existe, la idea de espacio no puede existir.
3. Pero si la idea del espacio existe (como sabemos que existe), luego sus partes deben existir también.
.: no poseemos una idea de espacio a menos que sus partes puedan ser concebidas
→ Entonces, los indivisibles del espacio deben llenarse de algún objeto real que los haga concebibles.
Y simplemente, por la implicación entre ellos, Hume apunta que lo mismo sucede con los indivisibles del espacio.