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		<title>De la identidad personal</title>
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		<description>Mensajes en el hilo de discusión &quot;De la identidad personal&quot; - Hernández Ricardo
Luna Mora Daniel
Herrera Irving
Pérez Tezkóatl
Ramos Humberto
Villalobos Ingrid</description>
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				<title>De la inmaterialidad del alma</title>
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				<pubDate>Tue, 01 Dec 2009 05:12:25 +0000</pubDate>
				<wikidot:authorName>Irving Herrera</wikidot:authorName>				<wikidot:authorUserId>391619</wikidot:authorUserId>				<content:encoded>
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						 <p>Sección V</p> <p>En base a sus exposiciones anteriores, Hume expone que existe un mundo interno y uno externo y que ellos has sido detallados de diferentes modos desde la antigüedad hasta la modernidad.</p> <p>Indica que el pensamiento intenta reconciliar las contradicciones que surgen en la diversidad de los objetos a través de una simulación por parte de la imaginación que supone la existencia de un sustrato inmutable, que se mantiene igual a lo largo del tiempo. Dicho sustrato recibió por los antiguos el hombre de sustancia original o primera.</p> <p>A continuación reflexiona sobre la exclusión que la modernidad hace a las cualidades sensibles propias de los objetos, a excepción de extensión y solidez. Tras haber expuesto los errores de la filosofía moderna en cuanto a la materia externa, Hume procede en la quinta sección a tratar lo relacionado con la sustancia y con ello la inmaterialidad del alma.</p> <p>“No tenemos una idea perfecta de nada más que de una percepción. Una sustancia es enteramente diferente de una percepción. Por consiguiente no tenemos una idea de sustancia.”[1] Con estas líneas Hume sintetiza el argumento de que como las ideas se dan sólo a través de percepciones precedentes y dado que no es posible concebir una impresión de la sustancia de la cual se derive la idea, la mente tampoco puede concebir la idea de sustancia.</p> <p>Si en lugar de apelar al primer origen de las ideas se opta por una definición de sustancia que explique que ella es algo que existe por sí mismo, ocurre que dicha definición concuerda con todo lo posiblemente concebible imposibilitando así distinguir la sustancia del accidente o el alma de sus percepciones.</p> <p>El autor expone también que un objeto puede existir y no hallarse en ninguna parte. Lo que no tiene un lugar, como las pasiones y los sentimientos, tienen sin embargo existencia en la percepción.</p> <p>Aunque lo que tiene lugar no pueda unirse con lo que no lo tiene, existe empero la posibilidad de relacionarlos, esto porque se trata de percepciones coexistentes. Por ejemplo, cuando vemos un fruto puede aparecer en el pensamiento tanto su tamaño (propiedad de un cuerpo extenso que implica un lugar) como su sabor (cualidad que existe sin un lugar determinado). En este tenor se expone que una característica más de la mente humana que al hacer relaciones entre distintas percepciones, se añaden más relaciones a modo de complementar las conexiones entre ellas.</p> <p>Dos son entonces los principios opuestos que influyen en el pensamiento humano: la fantasía y la razón. No se renuncia nunca ni a uno ni a otro, sino que se realiza cierta oscura conjunción que la que la oposición es ya imperceptible.</p> <p>La explicación de la relación causa y efecto puede tomar dos caminos: “o afirmar que nada puede ser causa de otra cosa sino cuando el espíritu puede percibir la conexión en sus ideas de los objetos, o mantener que todos los objetos que hallamos constantemente unidos deben ser considerados por esta razón como causas y efectos.”[2]</p> <p>La noción de sustancia para Hume termina por ser tanto ininteligible como innecesaria.</p> <p>[1] David Hume, Tratado de la naturaleza humana, p. 153.</p> <p>[2] Ibid., p. 161.</p> 
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				<title>De la identidad personal</title>
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				<pubDate>Mon, 30 Nov 2009 05:01:58 +0000</pubDate>
				<wikidot:authorName>Irving Herrera</wikidot:authorName>				<wikidot:authorUserId>391619</wikidot:authorUserId>				<content:encoded>
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						 <p>Sección VI De la identidad Personal</p> <p>Hernández Ricardo<br /> Luna Mora Daniel<br /> Herrera Irving<br /> Pérez Tezkóatl<br /> Ramos Humberto<br /> Villalobos Ingrid</p> <p>1.Tiene que haber una impresión que dé origen a cada idea real.<br /> 2.El yo no es ninguna impresión, sino aquello a que se supone que nuestras impresiones e ideas tienen referencia.<br /> 3.Si hay alguna impresión que origine la idea del yo, esa impresión deberá seguir siendo idéntica durante toda nuestra vida.<br /> 4.Pero no existe ninguna impresión que sea constante e invariable.<br /> 5.Dolor y placer, tristeza y alegría, pasiones y sensaciones se suceden una tras otra, y nunca existen todas al mismo tiempo.<br /> 6.Luego, la idea del yo no puede derivarse de ninguna de estas impresiones ni tampoco de ninguna otra. En consecuencia, no existe la idea del yo.</p> <p>¿Qué es entonces lo que nos induce con tanta intensidad a asignar una identidad a estas percepciones sucesivas, y a creernos en posesión de una existencia invariable e ininterrumpida durante toda nuestra vida?</p> <p>1.A la idea precisa que tenemos de un objeto que permanece invariable y continuo a lo largo de una supuesta variación de tiempo la llamamos idea de identidad o mismidad.<br /> 2.Tenemos también una idea precisa de varios objetos diferentes que existen en forma sucesiva y están conectados mutuamente por una estrecha relación: estos nos proporcionan una noción tan perfecta de diversidad que parece como si no hubiera ningún tipo de relación entre los objetos.<br /> 3.Pero aunque en sí mismas estas dos ideas de identidad y de sucesión de objetos relacionados sean distintas, en nuestra manera usual repensar son generalmente confundidas entre sí.<br /> 4.La relación facilita la transición de la mente de un objeto a otro, y convierte este paso en algo tan suave como si la mente contemplara un objeto continuo.<br /> 5.Por lo tanto, es esta semejanza la causa de la confusión y el error, y la que nos lleva a colocar al noción de identidad en lugar de la de objetos relacionados.</p> <p>Hume argumentará a favor de esta confusión de relación de objetos con objeto continuo:</p> <p>1.A pesar de que el cambio en cualquier parte importante de una masa material destruya la identidad del conjunto, no medimos sin embargo la magnitud de la parte de un modo absoluto, sino según su proporción con el conjunto.<br /> 2.La adición o disminución de una montaña no lograría producir una diversidad en un planeta; por el contrario, basta con cambiar unas pocas pulgadas en algunos cuerpos para destruir su identidad.<br /> 3.Esto sería inexplicable si no advirtiéremos que los objetos no actúan sobre la mente ni rompen o cortan la continuidad de sus acciones según su magnitud real, sino según la proporción que guardan entre sí.<br /> 4.Por consiguiente, y dado que es esta interrupción la que hace que un objeto deje de parecer idéntico, tendrá que ser el curso ininterrumpido del pensamiento el que constituya la identidad.</p> <p>Luego, Hume explica la naturaleza de la identidad personal:</p> <p>1.La identidad que atribuimos a la mente del hombre es tan sólo ficticia, y de especie parecida a la que hemos asignado a vegetales ya animales.<br /> 2.Por tanto, la identidad no puede tener un origen diferente, sino que deberá provenir de una operación similar de la imaginación sobre sus objetos similares.</p> <p>Problema:</p> <p>Es evidente que, la identidad que atribuimos a la mente humana no es capaz de reunir las distintas y diferentes percepciones en una sola, ni tampoco hacerlas perder los caracteres de distinción y diferencia que les son esenciales. Y es también verdad que toda percepción distinta que forme parte de la mente es una existencia distinta, y que es diferente, distinguible y separable de toda otra percepción, sea contemporánea o sucesiva de ésta. Pero como a pesar de esta distinción y separabilidad suponemos que el curso total de percepciones está unido por la identidad, surge naturalmente un problema por lo que respecta a esta relación de identidad: si existe algo que enlace verdaderamente entre sí nuestras distintas percepciones, o si se limita a asociar las ideas de éstas en la imaginación.</p> <p>Solución:</p> <p>1.El entendimiento no observa nunca ninguna conexión real entre objetos, y que aun la unión de causa y efecto se reduce, a una asociación de ideas producida por costumbre.<br /> 2.La identidad no pertenece realmente a estas diferentes percepciones, ni las une entre sí, sino que es simplemente una cualidad que les atribuimos en virtud de la unión de sus ideas en la imaginación, cuando reflexionamos sobre ellas.<br /> 3.Las únicas cualidades que pueden dar a las ideas unión en la imaginación son las relaciones de semejanza, causalidad y contigüidad.<br /> 4.Sin estos principios, todo objeto distinto es separable por la mente y puede ser considerado separadamente, de modo que no parece tener más conexión con otro objeto que si ambos estuvieran separados por la más grande distancia y diferenciación.<br /> 5.Por tanto, como la esencia mima de estas relaciones consiste en que producen una transición fácil de ideas, se sigue que nuestras nociones de identidad personal provienen íntegramente del curso suave del pensamiento, a través de una serie de ideas conectadas entre sí.</p> <p>Conclusión general:</p> <ul> <li>La identidad depende de las relaciones de ideas y estas relaciones originan la identidad por medio de la transición fácil que producen. Pero como las relaciones y la facilidad de transición pueden disminuir gradualmente y de forma insensible, no tenemos un criterio exacto para poder resolver cualquier disputa referente al tiempo en que se adquiere o pierde el derecho al nombre de identidad.</li> </ul> 
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