Examen 1 Final 3

Respuestas finalistas.

Pregunta 3.

Cuenta y caracteriza las especies de ídolos de la caverna, e indica cómo se oponen a la correcta interpretación de la naturaleza.

a)

Los ídolos de la caverna provienen de considerar según las preferencias y gustos, las cosas de manera demasiado estrecha o demasiado general. Lo correcto sería que a la hora de investigar la naturaleza, la inteligencia desechara sus tendencias y predilecciones para conservarla en su pureza y sinceridad. Los ídolos de la caverna provienen de:

Predominio de ciertos gustos. Cuando los hombres se inclinan a ciertas ciencias o saberes, debido a sus gustos, tendencias, o trabajo invertido en ellas, empujados por este ímpetu causado por sus gustos terminan por corromperlas y alterarlas, por lo que la interpretación de estos saberes o ciencias se ve ofuscado por el apego que los hombres le presentan.

Observación excesiva de las semejanzas y las desemejanzas. Entre los hombres hay unos que tienen mayor agudeza para captar las semejanzas de las cosas, y otros que tienen mayor habilidad para captar las desemejanzas, el problema es que ambos tipos de hombres caen en el exceso percibiendo bien, ya sea únicamente semejanzas, o únicamente diferencias. Cuando el correcto modo de estudiar la naturaleza, comprende la alternancia de ambas, una no se puede privilegiar sobre la otra, ambas son de suma importancia en el ejercicio de una correcta inducción y de un buen estudio de la naturaleza.

De la excesiva admiración a ciertas épocas. Hay hombres que sienten mucha admiración por lo antiguo y desdeñan lo moderno, y también los hay, quienes desdeñan lo antiguo porque prefieren lo moderno. Lo que esta especie de ídolo no te permite ver a la hora de estudiar la naturaleza es que la verdad no depende de la época y que el entusiasmo o predilección por cierta época nubla el entendimiento y lo desvía de su fin.

De entender la naturaleza en su totalidad o en sus partes únicamente. Hay inteligencias que prefieren entender la naturaleza en sus partes, y otras en su disposición general. Pero el estudio únicamente de las partes fragmenta en pedazos la inteligencia, y el estudio de su generalidad sumerge al espíritu en una “admiración que lo enerva”. Para que la inteligencia sea vasta y penetrante en la interpretación de la naturaleza, debe cultivar ambas preferencias alternativamente, sin privilegiar una por encima de la otra.

b)

1. El primer género o especie aparece en el aforismo LIV se refiere a los hombres que sienten especial inclinación hacia las ciencias y especulaciones en las que ellos se figuran ser autores o en las  que pusieron mayor esfuerzo y adquirieron más familiaridad pero al volverse hacia la filosofía y a los tópicos universales los deforman conforme a sus fantasías anteriores, podríamos decir que se trata de una mala interpretación del conocimiento de acuerdo a intereses particulares.

2. La segunda especie, referida en el aforismo LV se trata de la diferencia radical entre los ingenios en lo que respecta a la filosofía y a las ciencias, debe al exceso de la parcialidad por el aprecio de las diferencias y de las semejanzas, por aferrarse a la graduación de las cosas o a las sombras de ellas, y esto en lo que deriva es en la perdida de la pureza de las facultades del entendimiento para ir por el camino recto hacia el encuentro de la verdad.

3.  La tercera especie o género, descrita en el aforismo LVI, se refiere a dos tipos de espíritus. Hay un tipo entregado a la admiración de la antigüedad y el otro ávido por las cosas nuevas; en el punto medio quedarían aquellos de espíritu mesurado o crítico, pero estos resultan escasos. Como en el caso anterior, este género de ídolos conduce a la falta de crítica y aleja del camino de la verdad, pero en este caso  debe rechazarse porque la verdad debe buscarse en la luz de la naturaleza y la experiencia y no en privilegios de alguna época.

4. La cuarta especie, en el aforismo LVII, se refiere a dos métodos de contemplación de la naturaleza que empleados aisladamente conducen al error. El primero se ocupa de las partículas de los cuerpos pero olvida su estructura, y la segunda, contempla la estructura pero tan atónitamente que se olvida de los elementos simples de la naturaleza; ante esta situación, Bacon, sugiere usar los métodos sucesivamente para que el entendimiento pueda evitar los inconvenientes que provienen de la inclinación por sólo uno de ellos.

c)

Siguiendo la lectura de Bacon (Afor. 53-58), si bien se habla de una variedad de Ídolos de la caverna aquí se exaltan cuatro de ellos de manera especial, a saber, el predominio de ciertos gustos, la observación excesiva de semejanzas y desemejanzas, la excesiva admiración a ciertas épocas y considerar las cosas estrechamente o con exceso parcial.

El predominio de ciertos gustos: Este error o prejuicio habla sobre las predilecciones que tienen individuos sobre ciertos autores, corrientes e ideas. Bacon señala el caso de Aristóteles quien desde su lógica y bajo sus supuestos «esclavizó» la filosofía natural. En este caso, este tipo de ídolo resulta perjudicial para la interpretación de la naturaleza por cuanto la predilección por una orientación o pensamiento a título personal, lleva a que se juzguen y se conozcan los fenómenos con los lentes de una teoría que podría no ser la adecuada para develar la verdadera forma de una naturaleza.

La observación excesiva de semejanzas y desemejanzas: Este error refiere al exceso que se puede presentar en dos tipos de espíritus para juzgar los fenómenos. Por un lado, aquellos llamados fuertes que son capaces de encontrar diferencias por más minúsculas que parezcan y otros, los espíritus elevados que son capaces de «reunir las semejanzas más insignificantes». La cuestión problemática en este caso, reside en que al caer en los excesos la inteligencia turba su juicio sobre las naturalezas que examina permaneciendo en los polos, sin que exista un adecuado y razonable descubrimiento y caracterización de los fenómenos.

La excesiva admiración a ciertas épocas: Se subraya aquí la tendencia a privilegiar lo antiguo o lo nuevo según sea el caso de los individuos particulares, quedando a merced de una esclavitud de dichas cosmovisiones más que de una postura crítica sobre las mismas. El tomar partido, estrictamente, por las ideas antiguas sin reconocer los avances y las propuestas actuales o el someterse, únicamente, a lo nuevo sin tratar de reconocer el pasado, es caer en prefiguraciones que poco o nada ayudan a la inteligencia a conocer la naturaleza. Vivir en uno de estos dos planos sin considerar la dimensión temporal y transitiva de los fenómenos entorpece los alcances que podría tener efectivamente la inteligencia.

Considerar las cosas estrechamente o con exceso parcial: La forma de actuación de este ídolo también refiere a los excesos pero en este caso se refiere más a los fallos de la inteligencia que al acercarse a los fenómenos puede conducir a la fragmentación excesiva o a quedarse en la composición y disposición general de los mismos. Se puede llegar en la búsqueda incesante de lo elemental a perder la noción de los compuestos y por el contrario, nos podemos quedar en los rasgos generales sin nunca advertir sobre los aspectos más pequeños. En este caso, Bacon recomienda el poder encontrar puntos de equilibro entre estas dos formas de operar permitiendo que la inteligencia «sea a la vez vasta y penetrante».

d)

Los ídolos de la caverna podemos caracterizarlos de la siguiente manera:

1. Alteración debida al gusto excesivo por cierta ciencia. Bacon pone el ejemplo del gusto de Aristóteles por la lógica, gusto por el cual esclavizo a la filosofía natural a ésta. Existe un dicho popular que dice: “el que es bueno con el martillo a todo le ve cara de clavo.” La pertinencia de escribir esta frase popular es por la semejanza con la advertencia de Bacon sobre alertarnos ante la desmedida influencia de algunos marcos conceptuales. Se puede caer en un error categorial debido al gusto por un determinado marco teórico ya que se puede utilizar dicho marco teórico de manera incorrecta para explicar fenómenos de distinta índole, los cuales necesitarían un abordaje distinto.

2. Distinción excesiva de las semejanzas y las diferencias. Bacon nos advierte de caer en excesos al distinguir semejanzas y diferencia ya que la desmesura en estas tendencias de la inteligencia puede llevarnos a ver de manera parcial los hechos. Para Bacon tanto la búsqueda de semejanzas como la de diferencias son igualmente importantes y por lo tanto no debería predominar una sobre la otra.

3. Excesiva admiración por lo antiguo o por lo novedoso. Bacon sugiere un punto medio en nuestra admiración ya sea por la novedad o por lo antiguo. Son igual de importantes las buenas aportaciones de los antiguos como las buenas novedades de los modernos. El criterio no debe ser el de despreciar o apreciar lo viejo por viejo y lo nuevo por nuevo, sino que la inteligencia debe estar libre de estos prejuicios.

4. Comprender la naturaleza únicamente en su totalidad o en sus partes. Si bien Bacon no utiliza los términos análisis y síntesis, desde mi punto de vista podría hacerse una analogía con su estudio basado en fracciones o partes o el estudio de los cuerpos en su composición y en su disposición general. Bacon nos advierte de estudiar la naturaleza solamente a través de un proceso de análisis o de síntesis, ya que ambos son igual de importantes. El análisis o descomposición en partes de un hecho o cosa es tan útil como el proceso de composición de elementos llevado a cabo en la síntesis.

e)

Los ídolos de la caverna, o idola specus, se originan en la naturaleza de cada uno de los individuos, del alma y del cuerpo. Aunque también surgen de la educación, los hábitos y las circunstancias.

En su Novum organum, Bacon reconoce que la variedad de las fuentes desde las cuales pueden surgir los ídolos de la caverna, menciona algunos que reconoce como aquellos que tienen un mayor poder para contaminar la pureza del entendimiento.

En primer lugar menciona aquellos ídolos que se desprenden de la tendencia de cada individuo a sentir especial inclinación hacia las ciencias y especulaciones en las que ellos figuran como autores o inventores o en las que, pusieron mayor esfuerzo y por tanto adquirieron mayor familiaridad. Sin embargo, la forma en la que esta clase de ídolos atenta en contra de nuestra interpretación de la naturaleza radica en que cuando desde aquellos puntos, se intenta volver a los tópicos universales y distintos a su área de dominio, buscan deformarlos y acomodarlos, a veces forzadamente en la visión anterior, de manera que se convierte en un velo que limita las interpretaciones que se hacen de la naturaleza. En el caso de Aristóteles para Bacon, el hecho de convertir a la FIlosofía Natural en una esclava de su lógica y con ello volverla una ciencia inutil ejemplifica de manera clara la forma y los efectos de este origen de los ídolos.

En un segundo caso, existen individuos distinguidos y favorecidos intelectualmente a los cuales se les facilita encontrar las semejanzas más sutiles, y a otros a los cuales se les facilita encontrar los parentescos mas alejados. En ambos casos, dirigir la atención de uno hacia el área en la cual uno tiene habilidades más marcadas, delimitan nuestra forma de interpretar a la naturaleza. En ese caso, tanto aquellos que tienen unas ventajas y no otras favorecerán un tipo de interpretación antes que aquellas que se le puedan dificultar, de manera que no interpretarán bien a la naturaleza y verán o sombras o luces únicamente.

En algunos otros casos existen personas destinadas a favorecer el pasado por sus aportaciones acertadas y también los habrán quienes prefieran favorecer a las instancias novedosas. En realidad, en ambos casos al favorecer a una y a otra, lo que se generan son prejuicios y partidismos que se alejan bastante de la verdadera función de la ciencia, cambiando un criterio basado en la experiencia y la naturaleza y cambiándolo por un criterio basado en parcialidades relacionadas con lo nuevo o lo antaño.

En algunos casos se puede favorecer el estudio de la estructura de las naturalezas sobre la naturaleza misma y lo mismo ocurre en el sentido opuesto. En ambos casos, olvidar la existencia, de la naturaleza o de la estructura y enfocarse únicamente a una de ellas fracciona el entendimiento, pues poco se puede llegar a saber acerca de la naturaleza si se divide el mundo tan marcadamente. En el mejor de los casos se esperaría que se pudiera alternar ambos métodos de estudio y adoptarlos sucesivamente para que nos permitan tener un conocimiento cada vez más penetrante.

f)

a) La tendencia de los hombres a desarrollar estudios especiales, sea porque de ellos se consideran inventores o porque la gran familiaridad que hacia ellos siente a causa de los grandes esfuerzos que dedican al desarrollarlos. El ejercicio de la filosofía natural se ve del todo desviado por los gustos de aquellos que la desarrollan de forma descuidada.

b) Está también el hecho de que existen hombres que están particularmente dotados para apreciar las semejanzas mientras que hay otros que son más aptos para dar cuenta de las diferencias de las cosas. Bacon considera que tanto uno como el otro tipo de inteligencia caen fácilmente en exceso, yendo más allá de lo que es dado por la experiencia.

c) En tercer lugar, Bacon considera que hay personas que se sienten particularmente atraídas por lo antiguo, mientras que las hay también que inclinan por la novedad. Al igual que en el caso anterior, tanto los unos como los otros tienden muy fácilmente a caer en el exceso, convirtiéndose más en partidarios y defensores y no en jueces que evalúen fríamente los méritos de lo antiguo y lo moderno.

d) Posteriormente, nuestro autor pasa a describir dos tendencias contrapuestas en el estudio de la naturaleza: por un lado, aquellos que se concentrar en considerar a los cuerpos a partir de los elementos, de las fracciones y pedazos que los componen, mientras que por otro ubica a los que parten del estudio de la disposición y composición general de los objetos (dejando por completo de lado sus constituyentes).

En su conjunto, todas estas propensiones individuales llevan a que los hombres se alejen de estudio sistemático del mundo natural, ya que cada uno termina imponiendo sus gustos y predilecciones a la naturaleza, considerándola de forma muy estrecha y parcial. Bacon recomienda que siempre desconfiemos de nuestras tendencias y predilecciones, para de esa forma poder ejercitar la inteligencia de forma pura y sistemática.


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