Examen 1 Pregunta 2

Respuestas finalistas:

Pregunta 2:

Caracteriza los géneros supremos de ídolos.

a)

El Novum Organum está dividido en tres partes, la primera, la Pars destruens denominada la parte destructiva, la segunda la Pars Praeparans, la parte preparatoria y la tercera la Pars Aedificans, la parte constructiva o edificadora. Para Bacon, la Pars destruens tiene el propósito de señalar los errores de las doctrinas anteriores y destruir los obstáculos que pudieran oponerse a la aplicación del nuevo método. Bacon señala que para erradicar los errores de las doctrinas anteriores es indispensable identificar las falsas nociones que han estado afectado al intelecto y caracteriza a estas falsas apariencias del pensamiento como ídolos, para explicar cómo éstos ídolos afectan a la mente hace una clasificación de cuatro tipos: ídolos de la tribu (idola tribus), de la caverna (idola especus), del foro o mercado (idola fori) y del teatro (idola theatri).

En general, los cuatro ídolos representan los prejuicios del hombre, que tomando posesión del entendimiento humano deforman aquello que se pretende conocer, entorpeciendo la búsqueda de la verdad. Los ídolos de la tribu y de la caverna representan los prejuicios naturales, -innatos- es decir, con los que nace el hombre, a diferencia de los del foro y del teatro que se adquieren durante la vida. Los ídolos de la caverna y del teatro comparten la cualidad de la individualidad. Los de la caverna representan la naturaleza propia de cada individuo, tanto del alma como del cuerpo, sus pensamientos y prejuicios más íntimos, en un sentido general habría tantos tipos de ídolos de la caverna como hombres existen. Por su parte los ídolos del teatro también se consideran de carácter individual pero éstos representan los dogmas o actitudes filosóficas de cada individuo, que dependen de los sistemas filosóficos que se han inventado. En otro sentido, tanto los ídolos de la tribu como los del foro, se manifiestan colectivamente, los de la tribu representan a la naturaleza de la mente humana, a “la estirpe humana” queriendo fundamentar erróneamente el conocimiento en los sentidos, sin considerar lo imperfecto que son (al menos sin una guía e instrumentos adecuados, según Bacon). Los ídolos del foro al expresarse en todos los hombres y ser los portadores del lenguaje tienen la facultad de afectar a mayor escala, a toda la humanidad. Por esta razón para Bacon éstos son los más peligrosos pues considera como uno de los principales problemas para el entendimiento las vaguedades y contradicciones del lenguaje.

b)

Hay falsas nociones que se han apoderado de la mente de los hombres, afirma Bacon, estás le impiden al entendimiento humano el encuentro con la verdad. Bacon aboga por que el intelecto humano se apropie de “instrumentos” para interpretar la naturaleza humana, pero antes de aplicar el método, es necesario librarse de los prejuicios o defectos que entorpecen el camino de la nueva filosofía de la ciencia. Estos son los Ídolos (XXXVIII), son cuatro clases que tienen posesión del entendimiento humano:

Los ídolos de la tribu: tienen la característica de ser innatos, todos los compartimos pues son propios de la naturaleza humana, como los sentidos y el pensamiento (XLV al LII), se clasifican en el orden de los ídolos generales.

Los ídolos de la caverna: tienen la característica de ser individuales (dependen del temperamento) y son de naturaleza propia, errores individuales, prejuicios, educación. (LIII al LVIII)

Los ídolos del mercado: son defectos artificiales o adquiridos. Es propiamente el lenguaje, pues el contenido es compartido. Este es de los peores ídolos y es general, lo compartimos todos. Bacon los desarrolla del aforismo LIX al LX.

Los ídolos del teatro: es la actitud filosófica individual. Bacon los desarrolla del aforismo LX al LXVII. Éste es uno de los ídolos más importantes, al igual que los del mercado, pues son de los más difícil de escudriñar y vencer, para el apto entendimiento de las ciencias. Son vicios de gran complejidad.

c)

Los ídolos son defectos de la mente o de los instrumentos, e incluye a los principios que de ellos se originan, son tendencias, prejuicios, sesgos, errores que no lo aparentan, de manera similar a las falacias, son atrayentes y es difícil detectarlos y librarse de ellos. Son nociones falsas que ocupan el espíritu y dificultan el acceso a la verdad, por lo que hay que conocerlos y prevenirse de ellos. Se pueden agrupar en cuatro géneros.

Ídolos de la tribu: corresponden al genero humano y su naturaleza y su espíritu, al temperamento y carácter común del ser humano, a sus prejuicios, alcance, inestabilidad, pasiones, defectos de sus sentidos y al modo de recibir las impresiones del mundo.

Ídolos de la caverna: son ídolos individuales, en relación al temperamento y otros factores individuales como la constitución del espíritu y cuerpo personal, la educación, costumbres, circunstancias, a las diferencias de impresiones entre individuos.

Ídolos del mercado (o foro): dependen del lenguaje y del contenido compartido de éste. Son como una tiranía del lenguaje, más no del idioma, los conceptos del lenguaje natural están viciados, mal construidos y son vagos de origen.

Ídolos del teatro: Actitud filosófica individual. Sistemas filosóficos y malos métodos de demostración, pero además de los sistemas filosóficos también incluye los sistemas científicos que imponen cierta autoridad.

Los ídolos de la tribu y de la caverna son defectos naturales e innatos para Bacon, instintos perjudiciales para el conocimiento. Los ídolos del mercado y del teatro son defectos artificiales adquiridos, ya sea lenguaje o herramientas inadecuadas, los vamos adquiriendo y son hábitos perjudiciales para el conocimiento.

d)

La teoría de los ídolos de Bacon está constituida por cuatro tipos: de la tribu, de la caverna, del foro y del teatro. Estos ídolos son las falsas nociones que se han apoderado de la mente de los hombres entorpeciendo la búsqueda de la verdad. Bacon los distingue y caracteriza con el afán de que, siendo advertidos contra ellos, contemos con los elementos suficientes para poder apartarnos de ellos, esta debe ser una labor que anteceda a la correcta aplicación del método inductivo.

a) Los ídolos de la tribu tienen su origen en la misma naturaleza humana, es decir, en “la uniformidad sustancial del espíritu humano o en sus prejuicios, o en la limitación, o en su inquieto movimiento continuo, o en la infusión de sus afectos, o en la incompetencia de sus sentidos, o en la manera de la impresión”. Corresponden a defectos que se producen por las características de naturales del género humano, son de orden general porque corresponden a todos los humanos, podríamos ejemplificarlo con los sentidos y la información que de ellos proviene, lo mismo con los procesos mentales que si no son apropiadamente conducidos nos dirigen hacia el error.

b) Los ídolos de la caverna, como Bacon señala, son los del hombre individual, es decir, son orden particular. Se trata de defectos cuyo origen ha de considerarse en la naturaleza del individuo, tal es el caso del temperamento de cada uno y las consecuencias que se manifiestan del espíritu individual que “es una cosa variable, sujeta a toda clase de perturbaciones y casi a merced del momento.” Es de entenderse que esta clase de ídolos pueda ser tan numerosa como el número de tipos humanos que puedan presentarse. Puede decirse que la importancia de conocer este tipo de ídolos es evitar que la razón pierda su pureza e imparcialidad que impedirían llegar a la verdad.

c) Los ídolos del foro, del mercado o de la plaza, son de orden general porque se refieren a todos los humanos. Fundamentalmente se tratan del lenguaje, provienen del pacto y asociación del género humano, por lo cuál podemos decir que se trata de defectos adquiridos y artificiales. Bacon afirma “los hombres se asocian mediante la palabra, y como las palabras están impuestas según la concepción del vulgo, de ahí que esta falsa e impropia imposición de las palabras viene a destruir de mil maneras el entendimiento […]” Esta idea deja claro que para Bacon el lenguaje, que tiene un contenido compartido, es impuesto al hombre por la comunidad de forma que sin herramientas adecuadas conduce al entendimiento por el camino del error. Debemos estar alertas de las confusiones o equivocaciones que deriven de la vaguedad o contradicción de ciertos vocablos y someter constantemente a un análisis crítico nuestro lenguaje comenzando con la definición de las palabras que se usarán. A estos les llama los más inoportunos y menciona que son de dos clases: los nombres de cosas inexistentes y los nombres de cosas reales pero confusos y mal definidos.

d) Los ídolos del teatro, corresponden al orden particular, también se trata de defectos artificiales y adquiridos; se refieren a la actitud filosófica individual frente a los dogmas filosóficos y las malas reglas de demostración, se trata de sistemas universales pero también de numerosos principios y axiomas de las ciencias, como Bacon señala, han permanecido gracias a la tradición, la credulidad y la negligencia. Son muy numerosos y están en constante aumento. Menciona fundamentalmente tres clases de este linaje de errores y falsa filosofía: sofística, empírica y supersticiosa.

e)

Es importante antes de entrar a caracterizar los ídolos esclarecer dicho concepto y la idea general de la incidencia de los mismos sobre la tarea de conocer la naturaleza. Se aclara entonces que el término Ídolo lo utiliza Bacon para designar los errores o prejuicios que han «invadido» la inteligencia humana y las ideas que de ellos se originan, conduciendo al encuentro barreras de distinto orden. La forma en qué estos prejuicios inciden el conocimiento del mundo depende directamente del tipo de noción que se ponga en cuestionamiento siendo fundamental reconocer como rasgo central y común a todos, el arraigo que hay de los mismos tanto a nivel de la reflexión del pensamiento como en el de la práctica. Los Ídolos se dividen entonces en cuatro tipos: a) De la tribu; b) De la caverna; c) Del foro; y d) Del teatro.

De la tribu: Este ídolo Bacon lo asocia al género o naturaleza humana. En este caso entran en juego particularmente la naturaleza del entendimiento humano y la manera en cómo esta incide en la forma de conocer el mundo y sus fenómenos. Bacon nos habla al respecto de que muy comúnmente el espíritu humano está abocado a encontrar uniformidad, estabilidad en los fenómenos, procurando en esta vía aceptar y seguir replicando los dogmas que se desprenden de la tradición. Señala también que el entendimiento humano se dirige entonces a trabajar sobre lo aparente, concatenándolo por relaciones que están lejos de ser fieles a los principios constitutivos o las causas (formales) del campo amplio de las naturalezas que buscamos conocer. El espíritu humano turba la búsqueda de las causas formales posicionando su interés más sobre aspectos de lo concreto –de los sentidos-, lo observable, de las causas finales. En este sentido entran más en juego aspectos como la voluntad o las pasiones en lo que refiere a la impaciencia por llegar a resultados, el mantenimiento de una esperanza limitada por lo que se puede conocer o la soberbia respecto a los objetos en los que debería mejor ocuparse la inteligencia.

De la caverna: Este ídolo Bacon lo asocia más con el individuo desligando dos puntos centrales aquí, aquellos prejuicios que devienen de los hábitos individuales y los que se originan del tipo de educación y las condiciones a las cuales hemos estado expuestos en nuestro crecimiento. Bacon señala, al describir este ídolo, lo perjudiciales que resultan ser los gustos e intereses personales en la predilección y exaltación de ciertas orientaciones filosóficas o científicas. También corresponde a este ídolo el forjamiento de una orientación predilecta hacía unos fines o ideales sobre otros, adoptando una actitud de sumisión y aceptación de lo que trae consigo la tradición y abandonando, para este caso, cualquier tipo de interés en comprender crítica y cabalmente estas tendencias. Se exalta entonces la necesidad de operar la inteligencia humana más que en la réplica de viejas ideas o de tendencias del intelecto que entorpecen la actividad de descubrimiento, en la búsqueda de reglas y principios que guíen adecuadamente el espíritu.

Del foro: Este tipo de ídolo Bacon lo describe cómo el más perjudicial de todos pues está anclado a la noción del lenguaje y es natural, por consiguiente, al hecho de vivir en comunidad. El autor hace especial énfasis en cómo las palabras que se utilizan, por ejemplo, para describir los objetos físicos llevan al uso de otras y otras palabras sin que muchas veces se llegue a los hechos o eventos naturales sobre los que efectivamente debería trabajar una inteligencia bien educada para poder conocer plenamente la naturaleza. En este sentido los dos tipos de ídoslos del lenguaje son: a) los nombres de cosas que no existen (e.g. orbes planetarios); y b) los nombres de cosas que existen pero que su definición se da de una manera confusa que impide el conocimiento de las mismas. Así, la variada utilización de un término para describir una condición o el error que se puede presentar constituyen considerables perjuicios para la actividad libre y clara de la inteligencia orientada sobre los fenómenos.

Del teatro: Este ídolo resalta dos aspectos uno que refiere al apego que hay sobre sistemas filosóficos y otro, la ausencia de métodos legítimos para poder conocer y describir la naturaleza. Bacon nos habla que la ausencia de métodos que especifiquen los principios y reglas de los fenómenos de la naturaleza y que pongan orden al quehacer de la inteligencia, lleva a algunos sistemas filosóficos a quedarse en las apariencias de las cosas y no ejercer un examen cuidadoso y detallado de los fenómenos, a veces con números reducidos de casos que buscan la generalización; dos, sistemas filosóficos que conducen a la deducción de principios generales –que serían más bien nociones vulgares- de la naturaleza, sin contar con un examen cuidadoso de la experiencia (se subsume la naturaleza a categorías establecidas en la ausencia de un método y en la imposición de categorías propias a una filosofía); y tres, aquellos sistemas filosóficos apegados a la teología en donde operan engaños más álgidos al espíritu humano. Bacon describe estos tipos de filosofías falsas como: la empírica, la sofistica y la supersticiosa, respectivamente.

f)

Los géneros supremos de ídolos, es decir, de las falsas nociones que se han apoderado del entendimiento humano, entorpecen la búsqueda del conocimiento, aumentan la tendencia a cometer errores y son la explicación para las anticipaciones usadas en la “ciencia antigua” que hace afirmaciones erróneas en la interpretación de la naturaleza.

Se pueden caracterizar en cuatro grandes géneros:

Aquellos que son parte de la naturaleza humana (innatos):

Los ídolos de la Tribu. Son aquellas falsas nociones que son compartidas por todos los seres humanos, tienen su origen en la incompetencia misma de los sentidos, que han llevado a los hombres a afirmar erróneamente que “los sentidos del hombre son la medida del universo mismo”. Bacon señala que la afirmación correcta debería ser: “todas las percepciones del humano, tanto de los sentidos como de la mente, están en analogía con el humano mismo y no con el universo”.

Es decir, estos ídolos se manifiestan cuando se construye la falsa noción de que lo que percibimos es el mundo tal cual es y no tomamos en cuenta la poca pericia de nuestros sentidos.

Los ídolos de la Caverna. Estos son ídolos son parte de la naturaleza humana, pero son propios de las circunstancias de cada individuo. Ejemplo de éstos son el temperamento propio y singular, la educación y el trato con otros, las inclinaciones intelectuales de cada uno, la diversidad de experiencias y otros que predisponen al individuo a construir falsas nociones derivadas de sus mundos propios.

Aquellos que son adquiridos por el contexto, es decir, son ídolos artificiales no naturales:

Ídolos del Mercado o del Foro: Son aquellos que son compartidos por una gran cantidad de sujetos, surgen principalmente del lenguaje, que es compartido por una comunidad y que es el modo más común de intercambio entre los hombres. Las falsas nociones construidas por la influencia de estos ídolos, son aquellas que no cuestionan el contenido de las palabras, que dotan a la palabra misma de significado.

Ídolos del Teatro. Estos ídolos ni son innatos, ni son compartidos de manera general, pues son aquellos que surgen de las tradiciones de “conocimiento” que cada individuo asume. El error al que nos conducen, es a aceptar dogmáticamente las inferencias derivadas de la tradición de conocimiento al que el individuo se encuentre inclinado.

g)

Bacon menciona cuatro tipos de ídolos, los cuales pueden ser definidos como tendencias naturales o falsas nociones que se han apoderado de la mente de los hombres entorpeciendo la búsqueda de la verdad (af. 38). Estos ídolos surgen de manera natural como parte innata de los hombres o pueden surgir de manera artificial y pertenecer a grupos de individuos distintos.

Para Bacon resulta importante caracterizarlos pues la aceptación a su nuevo método se puede retrasada aún más si no se tienen en cuenta dichos ídolos. Por ello considera pertinente informar a los hombres sobre el efecto de dichos ídolos para que, una vez identificados, se haga lo necesario por reprimir su aparición en la medida de lo posible.

El primero que menciona son los ídolos de la tribu o idola tribus. Esta clase de ídolos son propios de la naturaleza humana (o en la tribu de los hombres), pueden ser consideradas también como las tendencias o debilidades propias de los seres humanos o como sus debilidades. Una de estas debilidades puede ser por ejemplo la tendencia de los seres humanos a confiar por sobre otras cosas en sus sentidos o de encontrar orden en donde no lo hay. Para evitar tener estos ídolos, parece necesario el uso de herramientas de la razón que ayuden a los sentidos a sementar la naturaleza y que nos permitan conocer la naturaleza que nos es oculta de los cuerpos.

Después describe a los ídolos de la caverna (idola specus), los cuales son propios de cada individuo, pues cada hombre tiene "un antro o caverna individual donde se quiebra y desbarata la luz de la naturaleza" (Af, 42). Según Bacon esta clase de ídolos al ser individuales, tienen también una clase muy amplia de orígenes pues pueden surgir del temperamento de cada persona, por la educación y el comercio con otros, el contacto con otros, por autoridad o experiencias particulares. Es decir, cada individuo tiene su propia caverna que determinará tendencias o actitudes determinadas.

Los terceros son los ídolos del mercado (del foro en algunas traducciones), o idola fori. Estos ídolos tienen su origen en el lenguaje. Debido a que la gente se comunica a través de él, siempre cabe la posibilidad de realizar un mal uso de éste, lo que pude llegar a destruir el entendimiento. Esto ocurriría en parte porque se tiene la idea de que es el entendimiento el que modela el lenguaje, cuando en realidad puede llegar a ocurrir de manera inversa el lenguaje puede implantar su fuerza en el pensamiento. Así, podemos encontrar dos clases de estos ídolos en los cuales las palabras se imponen al entendimiento: Palabras que no signifiquen nada en el mundo y palabras que sí tengan un significado pero que sean ambiguas en cuanto a qué es lo que significan. Para evitar ello, Bacon propone poner en claro el significado de las palabras cuando se pretenda hacer uso de la razón en una discusión, muy al estilo de los matemáticos.

Para Bacon, éstos son los más peligrosos pues al ser su base fundamental el lenguaje, pueden guiar en dirección herrada todos aquellos ejercicios que requieran de él.

Los ídolos del teatro (idola theatri) a diferencia de los ídolos de la tribu y algunos de la caverna, no tienen un origen innato y tampoco se han colado en nuestra razón. Esta clase de ídolos son adoptados de manera de manera consciente y defendido por el individuo o un conjunto de ellos. Cuando Bacon se refiere a esta clase de ídolos, se refiere a las distintas escuelas teóricas de la Filosofía y de la ciencia, particularmente a la filosofía sofistica, a la escolástica y a la escuela empírica; aunque también menciona a la religión y a la teología. Sin embargo estos ídolos también nublan nuestro entendimiento pues tal y como si fueran velos frente a nosotros no nos dejan ver con claridad el mundo de nuestro alrededor. Es por ello que sería prudente poner en guardia el intelecto con el fin de reprimir el ascenso que al estilo de la filosofía de Aristóteles se perpetúan y aseguran evitar su desplazamiento.

A los cuatro tipo de ídolos mencionados con anterioridad, podemos también clasificarlos considerando su origen y la extensión de sus efectos.

Considerando su origen, podemos encontrar aquellos que son innatos y que corresponden a la naturaleza propia de los seres humanos. Entre estos encontramos a los ídolos de la tribu y a los del mercado, ya que en ambos casos sería imposible impedir su aparición en los razonamientos del hombre, pues se podría decir que incluso atentaría contra su propia naturaleza. En ese caso Bacon propondría estar atentos a su aparición y brindarles a los sentidos y a la razón las herramientas necesarias para evitar que los efectos de estas clases de ídolos sean mayores. Por otro lado, tendríamos aquellos que surgen a lo largo de la vida de los individuos y que en ese sentido no serían naturales, sino artificiales. Aquí encontraríamos a los ídolos de la caverna y a los del teatro, los cuales aparecen como parte de las experiencias y decisiones de los individuos (con excepción de algunos ídolos de la caverna). Para ello, sí se podrían proponer herramientas que busquen evitar la adopción o erradicar algunos de los ídolos, lo cual, aunque no sería posible evitarlos por completo se podrían reducir sus efectos al mínimo.

En cuanto a la extensión de sus efectos también podríamos clasificarlos de manera que en un grupo encontráramos aquellos que son generalizados a la especie humana y aquellos que sólo atañen a grupos particulares de personas o a individuos. En el primer caso se pueden colocar los ídolos de la tribu y los del mercado, los primeros, debido a que como ya se ha mencionado son parte esencial de la naturaleza humana, y los segundos porque atañen a la forma de comunicarse de la especie. En ambos casos será un efecto global y de los cuales no podíamos escapar, por lo que hay que aceptarlos y controlarlos.

En el segundo grupo se puede colocar a los ídolos de la caverna y a los del teatro, siendo los primeros consecuencia de las experiencias de cada individuo y los segundos como parte esencial de las creencias de un conjunto de personas, en ambos casos se abarcan grupos pequeños de personas a diferencia del primer grupo.

Estas clasificaciones nos ayudan a ver bajo que condiciones se buscará evitar (en la medida de lo posible) una clase de ídolos y en cuáles simplemente se deben otorgar herramientas para evitar sus efectos.

h)

Los Ídolos de la tribu son aquellos prejuicios comunes al género humano, para Bacon la percepción humana tiene limitantes y es un espejo que refleja de forma distorsionada la realidad de la naturaleza.

Los Ídolos de la caverna pertenecen a cada hombre de forma particular e involucran aquellos aspectos que distorsionan la realidad. Apelan a la historia personal considerando la naturaleza particular de cada hombre, sus particulares interacciones sociales e implican la educación y hábitos de cada persona.

Los Ídolos de la plaza pública o del foro son aquellos resultado de la interacción social que surgen a partir del uso del lenguaje.

Los Ídolos del teatro involucran la herencia de un complejo sistema de creencias organizados como una tradición filosófica, son dogmas cuyo mejor ejemplo es la tradición escolástica aristotélica que se presentan como la puesta en escena de una visión del mundo que no corresponde con los hechos, sino que sólo es actuada o fingida como en el teatro, es una representación.


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